Capítulo 2: SECUESTRO

El rey entro corriendo nervioso cuando se encontró a su esposa tirada en el suelo llorando a lagrima viva, se acerco a ella y la abrazo, sin que ella dejara de llorar, el rey viendo que su esposa no le decía nada y le ponía cada vez mas nervioso, decidió preguntarla.
-¿Mi amor que te sucede?- pregunto sin dejar de abrazarla en ningún instante.
-Nuestra hija Charles, nuestra hija-empezó a llorar mas rotundamente-nos robaron a nuestra hija- se desmayo en ese mismo momento quedando inconsciente en los brazos de su esposo Charles, las criadas agarraron a la reina tumbándola en la cama y llamando al medico de urgencia mientras el rey todavía sin creérselo mirada la cuna donde debía de encontrarse su pequeña, pero la encontró vacío, dio aviso a todo su ejercito que empezaran la búsqueda, quedándose él al lado de su esposa.
Estuvieron largos años con la búsqueda de su pequeña Isabella, pero no dieron con ella, no encontraron ni un pequeño rastro, eso hizo que los reyes cayeran en una gran depresión, no pudiendo levantar la cabeza ni siquiera cuando el medico dio el aviso a los reyes de que la reina esperaba un nuevo retoño, no asomo ni una pequeña sonrisa en su cara en cambio la reina se hecho a llorar mas profundamente, recordando a su pequeña Isabella.
Pasaron los nueve meses de embarazo sin mayor complicación, pero el parto resulto ser mas duro, la reina estaba muy debilitada y eso complicaba el nacimiento de la pequeña, después de 6 horas de parto, el doctor salio de la habitación real cargando a una pequeña niña en sus brazos entregándosela al rey Charles, miro a su segunda hija, esta a diferencia de Isabella tenia los ojos marrones chocolate, pero la tristeza no podía borrarse de sus ojos aunque tuviera de nuevo a una niña en sus brazos, sabían que a Ángela la tendrían mas vigilada y sin dejarla a solas en ningún momento para no correr el riesgo que corrieron con Isabella.
Los reyes Cullen volvieron de visita al castillo al enterarse del nacimiento de la nueva princesa Ángela, su hijo Edward ya tenia 8 años, y sus gemelos Rosalie y Jasper 6 años, Carlisle y Esmeralda querían hablar con los reyes Swan de hacer un nuevo contrato con su nueva hija, la reina no quiso salir del aposento sintiéndose mal, casi nunca salía de la habitación, estaba sumida en una gran depresión, casi nunca estaba con Ángela por el dolor que la producía tenerla en sus brazos; Charles bajo ha atender a los reyes Cullen mientras sus tres hijos jugaban en el jardín.
-Disculpe a mi esposa Renny, desde lo ocurrido con Isabella no sale casi nunca de la cama, sufre una gran depresión, casi nunca esta con nuestra pequeña Ángela porque la hace mal- dijo seriamente Charles a los Cullen- pero creo que si es buena idea firmar el contrato de boda, nuestros reinos quiero que se junten dándonos las tranquilidad que llevamos buscando casi desde hace siglos.
-Claro amigo Charles la paz no tardara en llegar, dentro de 18 años todo se vera distinto, tu hija será mayor de edad y podrá casarse con nuestro hijo Edward- dijo Carlisle tocando el hombro de su amigo dándole su apoyo.
Pasaron al despacho a hablar de los acuerdos del contrato, mientras Edward, Rosalie y Jasper estaban jugando en el jardín. Esmeralda los vigilaba mientras tenía a Ángela en sus brazos. La pequeña dormía placenteramente, y Esmeralda la acunaba con mucho cariño. Se parecía muchísimo a Isabella… Empezó a recordar como eran Charles y Renny antes de que pasara la desgracia, pero un toque en sus brazos la despertó de sus ensoñaciones. Era su hijo Edward, que la miraba fijamente.
- ¿Puedo cogerla, mami? –le preguntó, mientras extendía sus brazos. Esmeralda sonrió, ya que unos años después ellos serían marido y mujer, así que la situación le resultaba un poco cómica. Ayudó a su hijo a cogerla, indicándole como sujetarla bien para no hacerle daño a la bebé. Edward se quedó mirándola fijamente, pero Ángela se despertó. Miró a Edward y empezó a sonreírle.
- Mami, mami, mira –le dijo Edward a Esmeralda-. Me está sonriendo.
- Eso es que le gustas, cielo –le contestó Esmeralda, sonriendo a su vez.
- Será como mi hermanita pequeña –dijo Edward mientras mecía a Ángela con cuidado
- Cariño… -comenzó a hablar Esmeralda, no sabiendo bien como decirle- ella algún día será tu esposa…
- ¿Mi esposa? –Le dijo Edward dudoso- Mami, no me puedo casar con un bebé –dijo como si fuera la cosa mas obvia del mundo.
- No será ahora mismo. Cuando hayáis crecido y seáis mayores, vosotros dos os casareis, y así uniréis nuestros reinos, el reino Linzzer y el reino Violeta.
- Pero mami, yo no me quiero casar con ella. Es mi hermanita, como Rosalie. No podemos casarnos –le contestó Edward.
- No cielo, no es tu hermana… -le dijo Esmeralda, mientras pensaba que no tenía que haberle dicho nada- mira, haremos una cosa. Si conoces a alguna chica que te guste más antes de cumplir los 25 años, podrás casarte con ella. Si cuando llegues a esa edad no la has conocido, te casarás con Ángela, ¿vale? Porque un rey no puede quedar soltero, y tú serás el futuro rey de Linzzer, no querrás que el pueblo se disguste, ¿verdad?
Edward se quedó pensativo durante un rato. Finalmente, sólo asintió levemente con la cabeza y dejó a Ángela en brazos de su madre, saliendo después corriendo en dirección a sus hermanos para seguir jugando con ellos. Esmeralda lo miró pensativa… No debía haberle hecho esa promesa a su hijo. Pero sólo era un niño, pronto lo olvidaría…

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