Capítulo 7: AMISTAD

Bella

Poco a poco fui despertando. Me sentía muy relajada y, sobre todo, descansada, como no me había sentido en meses. No pude evitar sonreír ante esta sensación. Iba a girarme pensando que estaba en mi cama, pero entonces noté que me encontraba entre unos brazos y que, además, uno de ellos me acariciaba el pelo. Abrí los ojos sorprendida y me encontré ante esos ojos verdes que habían invadido mis sueños durante tanto tiempo…
- ¿Todavía sigo dormida? –pregunté sin poder evitarlo. No era posible que él estuviese ahí, conmigo, y menos todavía que viese tanto amor en su mirada.
- No, princesa. Esto es real. –Me contestó mientras la sonrisa se iba de su rostro- Si creéis estar dormida cuando me veis, siento mucho ser el motivo de vuestras pesadillas.
- No eres ninguna pesadilla… -le dije mientras me sonrojaba- Además, en mis pesadillas con vos solo se repite la escena de hace unos meses una y otra vez –no pude evitar sentirme triste cuando ese recuerdo volvía de nuevo a mí. Decidí levantarme e irme, antes de volver a irritarle y que me dijese algo que prefería no oír.
- ¿Dónde vais? –me preguntó al ver como me ponía en pie.
- A algún lugar donde no pueda molestaros. No quiero ser una carga para vos. Gracias por haberme ayudado cuando me caí. –giré la cabeza y me quedé mirando a ningún punto en concreto. Me daba igual donde mirar, mientras no fuese a él- Sólo quería daros la noticia de la guerra. Ya lo he hecho, así que ya no pinto nada aquí. Ahora sólo me queda volver a casa.
- No os vayáis, por favor –me dijo él en tono suplicante. No me giré ni a verle, pero me quedé estática, sin hablar, sin moverme. No quería reflejar ninguna emoción en mi rostro, pero sobre todo, no quería humillarme a mí misma ni darle la satisfacción de que él supiese todo lo que provocaba en mí. –Tengo que hablar con vos… por favor.
- No hay nada que hablar –fue lo único que atiné a decir.- Ya quedó todo dicho tiempo atrás. No tenéis que darme las gracias, lo hice porque me parecía una injusticia lo que mis padres planeaban. Sentí el deber de avisaros, pero ya está –mi voz sonaba fría y cortante. Sentía un gran dolor en mi pecho por tratarle así, pero no podía hacerlo de otra forma. Entonces noté que me cogía la mano. Me la miré y después le miré a la cara. No había oído tan siquiera que se moviese del sitio. Al ver sus ojos vi en ellos tristeza, dolor, sufrimiento… un sinfín de sensaciones tan doloras que no pude escapar de ellos. Sólo quería consolarle, que dejase de sentirse así… Él me abrazó y yo me acomodé en sus brazos. Era una sensación maravillosa sentirme ahí, en aquel hueco en que encajaba a la perfección. Pero algo me sorprendió. Edward comenzó a llorar. No había notado que me había mojado mi hombro al principio, pero cuando sentí sus sollozos, lo único que pude hacer fue abrazarlo con más fuerza.
Él me apartó con suavidad y apoyó su frente en la mía, mientras las lágrimas caían por su rostro. Levanté mi mano y se las sequé una a una. Entonces poco a poco se fue acercando a mis labios. Me quedé allí, quieta, expectante, deseosa de probarlos.
- ¡Por fin os encuentro!- dijo el chico que estaba antes con él, apareciendo desde unos arbustos.- Majestad, no podéis desaparecer así como así, y menos sin decirme donde vais.
- Lárgate Emmet –le dijo Edward con dureza. Me miró de nuevo a los ojos, pero yo ya me había dado cuenta de lo que había estado a punto de hacer. Por poco beso a mi enemigo, tanto de reino como de corazón. Él me lo había dejado muy claro, y lo único que sentí fue que había querido utilizarme. Tenía que huir de allí.
- Yo… lo siento pero… debería volver a casa –volví a rehuir su mirada, pero esta vez conseguí soltar su agarre sin que se opusiera- Si notan que no estoy y se dan cuenta de que vine aquí…
No dije nada más, en mis palabras quedaba escrito entre líneas lo que podría pasarme. Así que sólo di media vuelta y me alejé de allí, pero sin prisas. Lo único que pensé en esos momentos era que yo me iba… pero dejaba mi corazón en este sitio, y en todos los que él estuviese.
Salí corriendo de allí, hacia el reino, alejándome de él, llegue al reino con los ojos llenos de lagrimas, me tumbe en la cama, comenzando un llanto mas intenso y desesperado, sin poder creerme que hubiese estado con él, después de tres meses, nos habíamos abrazado y casi apunto de besarnos; no sabia quien era aquel chico que el acompañaba, el que me había salvado de besarle. ¿Quien seria aquel nuevo chico?

Edward

Vi como se marchaba, como se alejaba de mi, mis lagrimas salían descontroladas recorriendo todo mi rostro, se alejaba y no podía hacer nada mas para detenerla, me odia por todo lo que la había dicho hacia tres meses atrás, era un ser despreciable, no me di cuenta de la presencia de Emmet hasta que volvió hablar.
-Majestad, deberíamos volver se esta haciendo tarde y sus padres harán preguntas de donde se encontraba-dijo Emmet tranquilamente.
-Tienes razón, aunque la verdad las preguntas y enojo de mis padres, me es indiferente-dije sin dejar de llorar- Emmet la chica que acabes de ver salir corriendo es la persona que amo y voy amar toda mi vida, ella es mi Julieta.
-Majestad, ¿esa chica es su amada?-pregunto Emmet intrigado-pero si es la joven princesa del reino Alatar majestad, sus padres nunca permitirían esa relación-dijo dándome un pequeño golpe en el hombro dándome ánimos.
-Ya lo se Emmet, por eso estoy tan preocupado-dije con tristeza- se que nuestro amor es imposible y por eso la dije todas aquellas mentiras tres meses atrás, ella todavía se cree lo que la dije y no me dejo explicarme, huyo de mi-se me quebró la voz-vayamos para el reino quiero contarte toda la historia y si mis padres me ven paseando por el jardín contigo se quedarán mas tranquilos.
Nos fuimos hacia el reino montando nuestros caballos, dejamos los caballos en el establo y empezamos a caminar por el jardín, sabia que Emmet era mi escudero pero también se estaba convirtiendo en mi mejor amigo.
-Emmet lo que te voy a contar es totalmente un secreto, no puedes contar nada, te lo pido como un amigo no como el príncipe-dije mirándole fijamente.
-Claro alteza puede confiar en mí-dijo Emmet.
-A partir de este momento deja de llamarme alteza y llámame Edward-dije con una sonrisa-por favor.
Comencé a explicárselo, con cautela y mirando su cara mientras caminábamos por el jardín.

No hay comentarios:

Publicar un comentario