Ángela
Estaba harta del trato de mi madre hacia mí, aunque me habían explicado el secuestro de mi hermana mayor, yo estaba segura que en verdad me odiaba, pensaba en mi increíble hermana todos los días, deseando que fuera yo, no entendía que mi madre la admirara tanto cuando la robaron siendo un bebe; encima me querían casar con Edward, al cual veía como a mi hermano mayor, la verdad que tampoco me preocupaba demasiado ese asunto, todavía tenia el sueño de poder escaparme con mi amado, él cual quería conocer deseosamente, para impedir mi boda con Edward; querían casarnos para unir nuestros reinos a toda costa.
Hoy llegaban de visita al reino Rosalie y Jasper, mis padres no hacían mas que hablar de ello, seguro que también venía mi prometido, eso ya no me hacia tanta ilusión, tampoco podía decirle nada de que no quería casarme con él, porque seguramente se lo contaría a mis padres y no me convenía estar peor.
Vi como venia hacia mí corriendo y con una sonrisa, empezamos andar por el jardín con una sonrisa en la boca las dos, sabia que algo tenía que contarme por lo que nos alejamos de nuestras madres.
-Ángela, me he enamorado-dijo Rose sonriendo-es el escudero de mi hermano Edward, es guapo, fuerte , aunque es mayor que yo, no me importa, le amo, mi corazón me suplica estar con él.
-Rose, se te ve feliz, pero tu mirada muestra tristeza-dije abrazándola- no quiero que estés triste, ya veras como las dos conseguimos ser felices, por lo menos a ti todavía no te han hecho el contrato de matrimonio-dije agachando la mirada- y has conocido a tu verdadero amor aunque el sea mayor.
Estuvimos un rato hablando de todo lo relación con el escudero guapo que la gustaba a Rose, sonreía por ver que ella lo había encontrado y que aun había esperanza de que yo también lo encontrara. Decidimos bajar por el pueblo a pasear, queríamos estar las dos mas rato juntas ya que no nos veíamos tan a menudo como nos gustaría, no pusieron queja solo que nos acompañaban Edward y su escudero Emmet, a lo que Rose se alegro enormemente.
Llegamos al pueblo, había un mercadillo, Emmet, Jasper y Edward iban detrás nuestra, dejándonos a Rose y a mi mas tranquilas, empezamos a mirar un puesto de flores, donde el chico era hermoso al igual que las flores que vendía; el chico me ofreció una rosa con una sonrisa dulce en su cara.
-Una flor para otra más bella-dijo sin quitar su dulce sonrisa.
-Muchas gracias, es muy amable, soy Ángela Swan-dije amablemente.
-Si, princesa la conozco, es un honor poder atenderla-dije amablemente.
- Pues es muy descortés el que me conozcáis, mientras que yo no se nada de vos, ni tan siquiera vuestro nombre –le sonreí al decirle esto. En verdad el chico me había caído bien, y quería saber algo más sobre él.
- Mi nombre es Ben Cheney, princesa. Trabajo de jardinero en vuestro palacio, y a veces os he visto pasear por los jardines –me cogió la mano y me dejó un suave beso en ella, haciendo que me sonrojara por su amabilidad.
- No recuerdo haberos visto con anterioridad –le confesé un poco avergonzada- pero a partir de ahora estaré más atenta cuando pasee para veros.
- Eso espero princesa… -me dijo Ben antes de irse. Me quedé mirándolo fijamente mientras pensaba en lo mucho que me había gustado este chico…
Edward
Me sentía tremendamente mal. Había hecho que mi amor huyese de mí, que creyese que la despreciaba, cuando lo único que ansiaba era tenerla a mi lado… ¿Cómo pude ser tan idiota para dejarla escapar? Recuerdo cuando vino a avisarme para que no corriese peligro… En verdad ella me quería, tanto como para arriesgarse a que la castigasen para siempre sólo porque no me ocurriese nada… Me sentía sumamente mal, necesitaba ir con ella y explicarle el porqué de mis palabras, pero cuando les confesé a mis padres la guerra que habían planeado en nuestra contra se habían puesto sobre protectores al extremo de que no podía salir de palacio sin compañía por temor a que me secuestraran y me usaran para algún tipo de chantaje. Así que heme aquí, en mi cuarto, en mi cama, consumiéndome por la desesperación de no saber nada de mi Julieta. Ni tan siquiera sabía si había llegado bien a casa después de contarme aquello… Me arrepentía tanto de no haberla besado cuando tuve ocasión, de haber probado sus dulces labios que me hacían perder la razón… Tenía que idear la forma de salir de aquí y poder visitarla, aún sabiendo lo que me esperaría cuando regresase, pero no podía pasar más tiempo sin verla…
Cerré mi cuarto con llave para que nadie me viese, y cogí todas las sabanas que tenía para atarlas unas con otra, semejando una gran cuerda para poder fugarme por mi ventana. Si salía por la puerta, de seguro Emmet estaría vigilando para no dejarme ir solo, y no quería tener que golpearle de nuevo. Cuando terminé de construir la cuerda, me aseguré de que fuese resistente y no se desarmase cuando me descolgara por ella, dándole fuertes tirones. Seguidamente, me asomé por la ventana y vi que no había nadie en los jardines. Perfecto, tendría que hacerlo ya y ser rápido, antes de que alguien apareciese y me descubriese, quedando mi plan en nada.
Até la cuerda a la pata de mi cama, la aseguré bien y empecé a descender por ella. Tenía terror por las alturas, pero situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Cuando me faltaba poco para llegar al suelo, la cuerda se soltó y caí sobre los setos, provocando que estuviese a punto de gritar aunque en el último momento conseguí contenerme… Eso echaría a perder todo mi plan. Me puse de pie y miré hacia mi ventana. Esto estaba saliendo a pedir de boca. Al soltarse la cuerda, quitaba las pruebas de mi fuga. Sólo tenía que esconder bien las sábanas para que nadie las encontrase y así no se sabría como había huido. Sonreí con felicidad mientras las escondía y después echaba a correr. Era una gran distancia la que nos separaba, pero no iría a por el caballo para no arriesgarme a que me descubriesen en las cuadras. Todo lo que tenía que hacer para estar de nuevo con mi Julieta…
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