- Capítulo 1 - Escapada -

-Dos años atrás-

Charlotte

Me levante de mi cama como cada mañana; la doncella ya no me había preparado la ropa de hoy, como cada día; aunque hoy era un día importante según decían mis padres, hoy era el día que me prometerían con un gran hombre, rico y poderoso, eso para ellos era ser un gran hombre, no el que yo soñaba; el cual me amara con tanta intensidad que pareciera un sueño; pero eso solo quedaba en mi imaginación, tenía que escaparme, huir, salir de allí, no quería casarme, no con el hombre que me mandaran mis padres.
Tenía que pensar bien el plan, aquel que me dejara libre de una maldita vez, que me dejara escapar de todo aquello, las palabras de mi abuelo se vinieron a mi mente, “Lucha por lo que desees y ames sin importarte lo que te impongan, solo busca tu felicidad” palabras que me estaban animando cada vez más a irme; cogí una pequeña maleta, cargándola de algunas cosas y sobretodo del dinero que desde pequeña había ido ahorrando, dado que mi cuenta la congelarían nada mas irme de casa, mis padres me odiarían incluso puede que también lo hiciese mi hermano Peter, pero no me importaba, no iba a dejar que nadie trucara mi felicidad; cerré la maleta y oí como alguien llamaba a la puerta, escondí la maleta debajo de la cama y abrí la puerta sonriendo.
-Hola madre-dije sonriendo-¿Desea algo?

-No, solo venia a ver lo preciosa que te ves con ese vestido, esta noche serás la envidia de la fiesta- dijo abrazándome-¿puedo ayudarte en algo?

-No, madre todo está perfecto, solo queda darme algo de polvos en la cara y un pequeño toque a los labios, para estar lista-dije sin dejar de sonreír; ella salió de mi cuarto sonriendo y yo vi mi gran oportunidad al fin, sabía que debía de darme prisa para que nadie me echara de menos y no pudieran alcanzarme a tiempo.

Cogí la maleta y salí fugaz de mi habitación y de aquella casa en la que ya nada me ataba, excepto mi querido hermano Peter, sentía abandonarle, pero quería ser feliz y solo así lo conseguiría; cuando creí estar lo suficientemente lejos, me quite el vestido, debajo llevaba otro vestido menos adornado y sencillo, así podría al menos estar segura que no llamaría tanto la atención; al llegar a la estación, compre el billete y me monte en el tren camino a Madrid, donde esperaba que nadie me encontrara y así poder comenzar mi nueva vida.

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-Dos años atrás-

Marc


Toda la gente en mi casa corrían, preparando la gran velada de esta noche en la que yo no estaba dispuesto a participar; aun no tenía un plan para escapar pero aun me quedaban algunas horas, pocas pero suficientes. Abrí mi pequeño arcón cogiendo el dinero que guardaba en él; lo suficiente para vivir hasta encontrar trabajo de lo que fuera necesario; mis padres me habían obligado a estudiar muchas cosas y muchos oficios que según ellos nunca me haría falta desempeñas, ahora lo agradecía ye que al irme de aquí, todo lo referido a mi familia desaparecería.

El día se había pasado con lentitud, no veía la hora de irme de allí para dejar toda esta sociedad atrás; al final llego la hora, guarde la bolsa con la ropa y el dinero en un rincón, sabiendo que nada mas escaparme de la fiesta podría ser feliz. La velada comenzó, todos estaban expectantes, mis padres nerviosos, faltaba la familia de mi futura prometida, la gente hablaba y cuchicheaba sobre eso, llegar tarde a la pedida, todos estaban tan entretenidos que vi mi oportunidad; salí de allí, cogiendo mi bolsa, dejando atrás toda esa pesadilla.

Llegue a la estación, cogí un tren hacia Madrid, siento tan grande allí sería imposible que me encontraran; llegue por la tarde, ya no me daba tiempo a ver ningún apartamento por lo que tuve que hospedarme en un hotel; no quería lujos solo poder descansar.

A la mañana siguiente me levante temprano, pague la habitación del hotel y me dispuse a buscar piso; encontré uno pronto y además muy acogedor, la señora que me lo alquilaba vivía enfrente y era simpática y muy agradable; además la conté que empezaría a buscar trabajo en ese día y ella llamo a su hijo para que me metiera con él de fontanero.

Estuve hablando con él, era un señor muy agradable y comprensivo, le conté que había estudiado cosas de fontanería pero que nunca las había ejercido y él se ofreció ayudarme en todo lo que pudiese, haciéndome sonreír como hacía mucho que no lo hacía, de felicidad.

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