Capítulo 17: REENCUENTRO

Llegué hasta nuestro claro y al bajarme de mi montura, sentí de nuevo un dolor desgarrador en mi pecho. Tantos y tantos recuerdos venían a mi mente en este lugar… Cada uno más maravilloso que el anterior, y lo que más me dolía era saber que Isabella no estaba a mi lado.
Me aproximé hasta el lugar donde nos dejábamos las cartas, y encontré una para mí… El sobre con mi nombre llevaba la letra de Isabella. Mi corazón latió más rápido de lo normal, y rápidamente abrí el sobre para ver su contenido.

Mi Romeo,
Sé que mi comportamiento fue el de una idiota. No debería haber huido de tu lado. No sabes cuanto me arrepiento de haber huido aquella noche y regresar junto a mi esposo… La noche que pasé a su lado no la olvidaré mientras viva. No entraré en detalles, porque no quiero compartir mi sufrimiento. Lo único que puedo decirte es que no quiero volver a ver a Mike, por lo que he decidido irme para no volver. Y lo que más me duele es saber que nunca más podré estar a tu lado, pero no te merezco. Quizá algún día, el destino quiera que volvamos a vernos, y espero que el dolor se haya ido, por lo menos lo suficiente, para poder recibirte de nuevo en mi vida.
No corras riesgos, mi amor. Vive la vida de una manera feliz, porque es lo que tú te mereces, aunque no podamos estar juntos.
Tuya para siempre,
Tu Julieta


De nuevo aparecieron lágrimas por mis ojos, pero esta vez era de felicidad. Ella se encontraba bien, había huido por voluntad propia, no porque la habían secuestrado. Aún así, ella estaba en peligro, porque cualquiera podría aprovecharse de una mujer que viajaba sola, y más embarazada. Intenté pensar que habría pasado aquella noche cuando volvió a su casa. ¿Sería que él le habría pegado? Sólo de pensarlo, una rabia inmensa sacudió todo mi ser. Tenía que encontrarla, y tenía que ser pronto. Ya pensaría después en vengarme de todo aquel que le hubiese hecho daño, pero lo más importante en este momento era volver a tenerla a mi lado.
Subí de nuevo a mi caballo, y saqué la brújula que me había dado mi madre. Lo que más deseaba en este mundo, no sólo con mi corazón, sino con todo mí ser, era encontrar a Isabella y ponerla a salvo. Quería que ella volviera a mi vida. Miré hacia la brújula y después de observar hacia donde apuntaba, salí a galope. “Pronto volveremos a estar juntos, mi vida” fue lo único que pude pensar mientras corría a través del bosque…

Bella

Dos semanas habían pasado desde que había huido de mi vida. No había sido nada fácil, pero algo dentro de mí me decía que las cosas sólo podían mejorar a partir de ahora. Había dado un nombre falso y llevaba ropa de una de las criadas de palacio que había tomado antes de partir, para que nadie dudase sobre mi identidad.
Había caminado durante dos días, hasta que un matrimonio mayor, muy amable, me había recogido en un carro y me habían acercado hasta mi destino, el reino Grandine. Estaba lo suficientemente alejado de todo lo que había conocido como para que nadie pensase en buscarme aquí. Salí a buscar trabajo, y una mujer sintió lastima de mí al verme aparecer con mi maleta y con mi pequeña pancita, que ya empezaba a sobresalir, así que me contrató como lavandera. Era un trabajo duro, todo el día arrodillada lavando telas sin parar, pero no hacia grandes esfuerzos, así que mi pequeño no sufriría ningún daño. También usaba este trabajo para intentar lavar mi alma, la cual había quedado dañada después de lo que Mike había hecho conmigo. Lo encontraba una manera de purificarme, y cuanto más cansada me encontraba, más cerca me sentía de poder lograrlo.
Cuando terminaba, en cuanto desaparecía el sol, me dirigía a una pequeña casita donde me habían alquilado una habitación. Sólo tenía una cama, un pequeño armario donde tenía mis pocas pertenencias y una mesilla con un candil. No necesitaba más para vivir, y además, pasaba todo el día fuera trabajando. Llegaba tan cansada que no me daba tiempo ni a mirar lo que había a mi alrededor, ya que me dormía en cuanto caía sobre la cama. Me encantaba dormir, ya que mis sueños eran tan dulces…
Mis sueños siempre trataban de lo mismo: mi vida junto a Edward. Soñaba como hubiera sido si nuestra huida hubiese salido bien, viviendo quizás en este mismo lugar, estando solo los dos y nuestro pequeño. En alguna ocasión también soñé que yo en verdad era Isabella Swan, que no me habían raptado y podía pasear libremente con Edward en cualquier parte, tal y como hacía con Ángela. Normalmente ese sueño me sobresaltaba y me hacia despertar bruscamente, pero aún así, era tan dulce…
Durante el día, mientras lavaba, pensaba en como hubiera sido mi vida si no me hubieran secuestrado. Creo que había empezado a asumir que mi vida no era tal y como la había vivido, sino que estaba destinada a otra cosa. Estaba destinada a estar junto a Edward, ya que él mismo me comunicó que nuestro padres nos habían comprometido pero, al desaparecer yo, lo comprometieron con mi hermana… sí, tenía una hermana, y eso me hacía sonreír más que cualquier otra cosa. Siempre había querido tener una, y Ángela era tan dulce. Nos habríamos llevado bien, en caso de habernos conocido mejor. Pero todo esto solo eran ensoñaciones mías. Nada de lo que veía en mi mente se haría realidad, porque yo ya no tenía ninguna de mis dos vidas; ni la que había vivido ni la que podría haber sido en caso de que no me hubiesen secuestrado…

Edward

Seguía cabalgando hacia donde mi brújula me guiaba, sin parar, sin pensarlo, solo deseaba encontrarla, tenerla entre mis brazos de nuevo, abrazarla, ver como se encontraba; después de varios días cabalgando sin parar, llegue al Reino Grandine, donde la brújula dejo de funcionar, eso me dio esperanzas de encontrar allí a Isabella.
Pasee por todo el pueblo, sin lograr una pequeña prueba de que ella se encontraba allí, decidí quedarme en el reino alojado por lo menos una temporada, para ver si podía averiguar algo en el reino, de ella, de si había estado aquí, si la habían visto, algo, aunque fuera miserable, pero algo, llegue a una pequeña casa, donde me alquilaron una pequeña habitación con lo básico, una cama, una pequeña mesilla con un candil y un armario. Me tumbe en la cama pensando en por donde empezar a buscarla, este reino no era uno de los mas grandes, pero sin alguna pista podía tirarme demasiado tiempo buscándola, un tiempo del que no disponía.
Después de varios días allí en el reino, me levante con ánimos de seguir con mi búsqueda, uno de los días con más esperanzas que tenía, un pequeño presentimiento ahogaba en mi pecho, salí de la habitación donde me cruce con una chica, chocándome con ella.
-Disculpe mi torpeza-dije amablemente-iba bastante despistado, espero no haberla echo daño con nuestro choque-sonreí amablemente, pero ella seguía con la cabeza cabizbaja y sin apenas mirarme, baje la mirada triste y vi como la sobresalía un pequeño bulto en la tripa y sonreí acordándome de Isabella-Felicidades, veo que esta embarazada, al igual que la persona que busco, mi Julieta, mi amada-dije con tono de tristeza-
Levanto la mirada, me miro a los ojos, pero sin articular todavía ninguna sola palabra, se la veía con la cara tan sucia y sus ropas, eran harapos, pobre mujer, embarazada y en esas condiciones, seguí mirándola con una leve sonrisa en mi cara, sus ojos eran verdes, un verde profundo que te hacia entrar dentro y no poder salir de ellos, eran…..eran los de mi amada; la levante un poco mas la cara, limpiando con mis manos la suciedad de su cara, ella comenzó a llorar, todavía sin decir nada, seguí limpiándola la cara, hasta que por fin la vi, era ella, mi amada, la abrace con toda mi necesidad, mis ojos empezaron a llorar de una alegría tan grande que nunca antes la había sentido, por fin oi su dulce voz.
-Edward,¿Qué haces aquí?¿como supiste que estaba aquí?-dijo triste
-Amor tu marido, el desgraciado de Mike mando un comunicado de que habías sido secuestrada y nos pedía ayuda para encontrarte a todos los reinos, pero fui a nuestro claro y vi tu nota-dije agarrando su cara, cuando me acorde de que en la nota me ponía que algo la había echo Mike-tienes que decirme mi amada que te hizo ese asqueroso, yo mismo le matara si hace falta.
-No Edward no hagas nada es peligroso, no quiero que te hagan daño-dijo llorando-no puedo contártelo, no quiero volver a vivirlo, es horrible, asqueroso, me ensucio para toda mi vida-se echo en mis brazos llorando, yo la abrace fuerte sin querer soltarla y furioso con Mike, imaginándome las cosas tan horribles que la tenia que haber echo.
-¿Te toco? ¿Ese desgraciado fue capaz de golpearte?-dije sin soltarla.
-Es algo peor lo que me hizo, me forzó a ser suya Edward-dijo llorando intensamente, como nunca la había oído, la aparte de mí, mirándola.
-Voy a matarle-dije con furia- te juro que le voy a matar, como ha sido capaz de hacerte eso, a ti, a mi amada.
-Edward no cometas locuras por favor, te lo suplico, huí, no me volverá a encontrar, no lo hará-me abrazo besándome dulcemente en los labios, eso hizo que mi furia apaciguara y solo deseara estar con ella.

No hay comentarios:

Publicar un comentario