Capítulo 21: FELICIDAD FRUSTRADA

Allí nos habíamos quedado todos en la gran sala del trono, todos felices, todo se había arreglado y tenia a mi verdadera familia allí junto a mi, me habían aceptado alegremente de nuevo.
Pasaban los días y solo se oían risas en el reino, mis padres estaban encantados con mi relación con Edward al igual que los padres de él, no hacían más que hablar de la boda y andar detrás de los preparativos para que fuese cuanto antes; Edward y yo éramos felices ante tal noticia siempre lo habíamos deseado, era nuestro mayor sueño, además ahora teníamos a nuestro pequeño Anthony para formar una feliz y maravillosa familia.

3 meses después

Quedaban apenas unos días para mi boda con mi amado Edward, seria el día mas feliz de mi vida, el mas dichoso; nuestro pequeño seguía creciendo sin poderme creer que estuviese tan bello y fuerte apenas teniendo 4 cortos meses de vida. Alice el hada estaba ayudándome con el vestido, estaba quedando precioso, además de que venia al reino a ver a Jasper el hermano menor de Edward, del cual se había enamorado nada más verle hace tres meses, Rosalie no estaba tan pendiente del vestido por el noviazgo a escondidas con Emmett, aunque sus hermanos les habían pillado.
Alice era encantadora, era ella quien llevaba todo el vestido, zapatos, conjuntos, y además toda la decoración, no me dejaba saber nada al respecto excepto de mi traje y porque tenia que hacerme pruebas con él, estaba mirándome en el espejo, mientras ella me metía un poco el bajo del vestido, cuándo note una gran nausea haciéndome salir corriendo la baño y vomitando, me sentía bastante mareada, por lo que supuse que debía de ser los nervios del casamiento, viéndolo tan cerca, pero una nueva presencia me sobresalto, era Nessi otra hada, venia sonriendo, aun viéndome así en el baño.
-Felicidades bella princesa-dijo sonriendo-espera a su segundo hijo, lo acabamos de saber y vine a informarla.
-¿Un hijo de nuevo?-dije derramando lagrimas por la emoción-dios, un nuevo hijo de mi amado-me levante con cuidado, pidiendo que reunieron a toda mi familia y a la de Edward en el comedor.
Me quite el vestido de novia, poniéndome algo mas adecuado y cómodo y baje hacia el comedor, sabia que me esperaban con inquietud sobre porque les había reunido allí, y la verdad al entrar y ver sus caras de pánico, yo solo pude sonreír, haciendo que ellos se relajaran.
-Os he pedido que nos reunamos aquí, porque quiero daros una noticia maravillosa-dije sonriendo- acabo de saber que llevo en mi seno un nuevo bebe de Edward y yo, haciéndome la persona mas feliz del mundo.
Todos empezaron abrazarse y a reírse mostrando la felicidad que sentían ante tremendo noticia, incluso Rosalie y Emmett se dieron un beso dejando en evidencia su relación ante el reino, sus hermanos y yo les mirábamos asombrados, sus padres estaban sorprendidos ante tal escena, aunque lo aceptaron sin problema porque les sonrieron y les felicitaron también.
No quedaba nada para la boda apenas tres días y todo iba genial, los preparativos estaban todos listos, el reino entero estaba decorado para la gran ceremonia, Alice y todas las hadas se habían encargado de ello, dejándolo con un toque totalmente mágico; los invitados que iban llegando se quedaban impresionados por lo bien que estaba todo preparado y decorado, y mis nervios cada vez salían mas a flor de piel, esperando unirme por fin con mi gran amado.
Ya llego el gran día, Alice, Nessi y Rosalie se encontraban conmigo en el cuarto preparándome con el vestido y el peinado para que todo estuviese perfecto, Nessi y Rosalie se lo tomaban con tantas ganas porque seguramente temerían Alice, sonreí antes esa idea, no podía contener mis nervios y todo mi cuerpo temblaba sin poder parar. Las chicas me avisaron de que ya era la hora de que la novia se preparara y entrara hacia el altar, me coloque agarrada del brazo de Charles y empezamos a caminar hacia el altar donde Edward me esperaba con su inmensa y preciosa sonrisa, la gente sonreía y hablaba de lo bonito que era mi vestido, creo que me centre en eso para poder tranquilizarme algo; llegamos al altar donde Charles me dejo al lado de Edward, que me agarro la mano dulcemente dándome todo su apoyo y energía. La ceremonia empezó, Edward dijo ese gran si que resonó en mi con toda su energía y fuerza y el mío sonó claro y sin duda, nada mas convertirnos en marido y mujer nuestra bonita ceremonia se vio frustrada, por un grito de un criado.
-El Reino Violeta esta ardiendo en llamas, me acaban de informar, apenas queda nada del reino-dijo gritando y cada vez mas asustado, mis padres se miraron alarmados y asustados, decidieron prepararse y salir hacia el reino, Carlisle, Emmett y Jasper acompañarían a nuestros padres mientras que mi hermana y yo nos quedábamos aquí en el Reino Linzzer esperándoles junto a Edward.
Nada mas irse subí a mi cuarto, a cambiarme de ropa, sabia que estaría tranquila porque Anthony se encontraba con Esme, me puse un vestido algo mas cómodo, pero sentí que alguien me tapaba por detrás y se me cerraban los ojos…
Desperté y no sabía dónde estaba. Lo último que recordaba era que estaba en mi cuarto y me había cambiado de ropa, un poco alterada por la noticia del incendio. Miré a mi alrededor, y vi con horror que me encontraba en una minúscula habitación, sin ventanas, sólo con una cama y un lavabo. Fui hacia la puerta, y comencé a golpearla con fuerza, gritando. Lo único que quería era salir de allí y volver con mi familia...
Oí un ruido de llaves. Alguien se acercaba. Así que volví a golpear la puerta con más fuerza, para llamar la atención de quien quiera que viniese. Volví a oír el ruido de las llaves, pero esta vez, en la cerradura de la habitación, así que me hice para atrás, a la espera de ver quien estaba al otro lado. Cuando se abrió la puerta, entró un hombre, rubio, alto, y con cara de pocos amigos.
-¿Quién eres? -le pregunté, con cierto rastro de temor en mi voz.
-Vaya, vaya... así que por fin despertaste, cuñadita -dijo él. ¿Cuñadita? ¿De qué estaba hablando? Al ver mi cara de desconcierto, comenzó a reír y se acercó a mí. - No sabes quien soy, ¿verdad? Soy el hermano de Mike – mi cara cambió de color al oír aquello. Había oído hablar de Alec, el hermano de Mike que estudiaba en el extranjero, pero que por una disputa familiar nunca había vuelto a casa junto a sus padres – veo que has oído hablar de mí – volvió a reír y siguió acercándose, mientras que por mi parte, caminaba hacia atrás, intentando poner la mayor distancia posible entre los dos. Cuando topé con la pared, me quede pegada a ella, mientras con horror veía como se puso frente a mí. Cogió mi mano con suavidad y se la acercó a sus labios, dejando un leve beso en ella.
-¿Qué es lo que quieres? -atiné a preguntar, aunque se me entrecortaba la voz a causa del miedo.
-Quiero recuperar a la familia, y tú eres parte de ella, Jane -acercó su rostro al mío, provocando que comenzara a temblar involuntariamente – me enviaron una carta mis padres, notificándome de la muerte de mi hermano y tu repentina desaparición. Cuál no sería mi sorpresa al volver y encontrarme con que te habías casado con el traidor que mató a Mike. ¿Cómo pudiste? - la olor de su aliento tan cerca de mi cara me provocaba nauseas, y estaba haciendo todo lo posible por no vomitarle encima. No me atrevía a moverme por miedo a su reacción.
-Yo... yo no soy Jane. Nunca he sido Jane. - me miró, sorprendido, pero se quedó callado, esperando que continuase – mi nombre es Bella Swan, princesa del reino Linzzer, y mi marido, Edward, vendrá a por mí antes de lo que imaginas -cuando dije todo esto, me quedé muda, pensando si no habría hablado de más, y de donde habría sacado el valor suficiente para hacerlo.
-¿Con que... Edward? -dijo Alec- no creo que te encuentre ricura, ni siquiera sabes donde estamos... ¿cómo podría localizarte? - una sonrisa invadió su cara, al ver mi expresión abatida. Tenía razón, no podría encontrarme, porque ni yo misma sabía donde estaba...- te quedarás conmigo, porque es tu deber. Te convertirás en mi esposa, y ambos reinaremos Alatar y Newton juntos... - se acercó con intención de besarme, pero aparté el rostro y comencé a llorar. El bufó y sin decir nada más, se apartó de mí. Se dirigió a la puerta y salió, cerrando de nuevo con llave, dejándome sola de nuevo en aquel zulo. Caí de rodillas, mientras las lágrimas caían por mi rostro. Lo único que podía pensar era en Edward, en Anthony, en mi pequeña familia...

Edward

Bella tardaba mucho en cambiarse de ropa, así que subí para ver como se encontraba. Pensé que a lo mejor se encontraba mareada, debido a su estado. No me gustaba dejarla mucho tiempo sola por si algo le sucedía. Toqué a la puerta de la habitación, pero nadie contestó. Intenté abrir, pero estaba cerrada con llave. Al final, pateé la puerta hasta que la abrí a la fuerza, y cuando entré, no había nadie allí. Comencé a gritar su nombre, buscándola por todas partes: en la propia habitación, en el baño, en el vestidor... nada, se había ido y no había dejado ningún rastro. Entonces, vi una nota en el espejo del tocador. Corrí hacia él, y la cogí. Sentí como todo mi mundo se venía abajo.

“Nunca ha sido tuya, así que no puedes lamentar perder algo que nunca has tenido.
Newton.”


Grité de dolor. Se habían llevado a Bella. Pero me extrañaba la firma en la carta. No podía ser él, yo le había matado, de eso estaba seguro. Miré la nota, una y otra vez, intentando encontrar alguna pista sobre el paradero de mi amada. De pronto irrumpió Ángela en la habitación.
-Edward, ¿qué pasa? -no podía ni hablar, así que solo le tendí la nota, esperando que entendiera. Después de leerla varias veces, tal y como hice yo, me miró sorprendida y me abrazó, para consolarme. No le devolví el abrazo, tenso como estaba, mientras en mi cabeza no dejaba de pensar una y otra vez en como encontrarla y traerla de nuevo a mi lado. Finalmente Ángela se separó de mí y me miró directamente a los ojos.
-¿Qué hombres quedan aquí, que no se hayan ido al reino Violeta a sofocar el incendio? -le pregunté, decidido a salir en su busca, llevándome a algunos soldados por si se presentaban problemas.
-No se exactamente cuantos habrá, pero seguro que unos cuantos. A mis padres no les gusta dejar el reino descuidado cuando ellos no se encuentran en él.
-Bien. Llévame junto a ellos. Necesitaré ayuda para traer a tu hermana de vuelta. - cogí su mano y ella me guió hasta fuera del castillo, y nos dirigimos a una gran casa de piedra. Entramos y allí había alrededor de 20 hombres.
-Escuchadme -dije con voz fuerte. No podía dejarme ver débil, necesitaba ser fuerte para salvar a mi Bella- han secuestrado a la princesa Bella. Necesito que algunos de vosotros me acompañéis a rescatarla y traerla de nuevo a su hogar. No os necesitaré a todos, por lo que algunos de vosotros os quedareis aquí, para vigilar el reino, y a la princesa Ángela, para que nada malo ocurra en nuestra ausencia. ¿Algún voluntario? - todos levantaron la mano, lo cual me emocionó. Todos estaban dispuesto a salir en busca de su princesa. - A ver, creo que con la mitad de vosotros será suficiente. Decidid quien viene y quien se queda, y prepararos para el viaje. Partiremos mañana al amanecer.
Salí de allí junto a Ángela de nuevo, para volver a palacio y prepararme también todo lo necesario para mi partida. Llevaría todo lo que me dio mi madre para la vez anterior que fui a buscarla, y necesitaba comida para varios días. Fui a la cocina, para que nos prepararan todo lo necesario.
Esa noche casi no pude dormir. Contaba cada minuto, cada segundo que faltaba para ir tras mi Bella. Miraba mi brújula una y otra vez, atento a la dirección que marcaba. Sabía que no me fallaría, igual que no me falló la última vez. Encontraría a Bella y la traería de vuelta, de eso estaba seguro. Lucharía y pondría mi vida en esta empresa, porque sin ella, yo no tenía vida. Finalmente me dormí, pensando en lo mucho que la echaba de menos y en nuestra noche de bodas frustrada. Mataría al que la había separado de mí, lo juro, como que me llamo Edward Cullen...

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