Emma y Peter entraron en la habitación sacándonos de ese momento mágico, pero al vernos tan juntos, sonrieron dando por hecho que todo se había solucionado, se acercaron felices a nosotros y nos abrazaron, una escena que extrañaba tanto…
Los días pasaban volando, por fin llego el día de la boda de Emma y Peter, estábamos todos muy nerviosos, sobretodo los novios, me encontraba en la iglesia, junto a Peter y esperando a la novia, me sentía muy feliz de ser la dama de honor de mi amiga. La música nupcial nos aviso de la llegada de la novia, la mire sonriendo, se veía preciosa, increíble y la sonrisa de Peter era de una felicidad eterna y plena.
La ceremonia se dio tranquila y además fue preciosa, los novios, mostraban su nerviosismo en los gestos y Emma en las lagrimas que derramaba; al finalizar la ceremonia nos fuimos al banquete donde todo el mundo sonreía y charlaba, yo agarre a Emma un segundo apartándola un poco del jaleo.
-Emma, quiero pedirte una cosa muy importante para mí- dije mirándola y agarrando sus manos, donde ya lucia su alianza de casada- quiero que seas la madrina de mi hijo, eres mi mejor amiga y me haría mucha ilusión.
-¿Qué? ¿Enserio?- sonrió y me abrazo feliz- me encantaría, porque ese bebe es como mi sobrino-sonreí y la continúe el abrazo, llorando de felicidad junto a ella y volvimos con los demás invitados, felices y sonrientes.
El día llego a su fin, despidiendo a los novios que se iban de luna de miel, felices, quince días que se alejaban de nosotros y en los cuales les extrañaríamos demasiado, pero sabiendo que se iban felices y que pronto volverían de nuevo.
Marc me pidió que me trasladara con él a su casa, para poder criar a nuestro bebe juntos, a mis abuelos no les hizo demasiada gracia, pero al menos sabían que me tendrían al lado y en la misma ciudad, poco a poco en esos días fuimos preparando una habitación para el bebe, con colores neutros ya que no sabíamos el sexo del pequeño y tampoco podía ir al médico a saberlo.
Quedaban apenas dos días para que los novios volvieran de esa luna de miel, cuando comencé a notar unos dolores, al principio no dije nada, no quería preocupar a Marc, pero cuando los dolores fueron en aumento, tuve que avisarle, me dolía muchísimo, cada vez eran peores, me tumbo en nuestra cama con delicadeza; mis gritos cada vez eran más desgarradores, mi vista se nublaba y yo sentía que cada vez era más débil, deseaba luchar por mi bebe, para que al menos él naciera; oí un llanto, un llanto que me hizo sonreír, pero no podía apenas abrir los ojos, por lo que me deje vencer, dejando mi vida en manos de este caprichoso destino.
No sé cuanto estuve durmiendo, apenas recordaba nada, solo el llanto de mi pequeño, al abrir los ojos, vi a Marc, con un pequeño bulto entre sus brazos, sonreí, al ver la escena, Marc al darse cuenta de que había despertado, se acerco sonriendo.
-Felicidades mama, has dado vida a una preciosa niña- dijo Marc sonriendo y dejándomela en mis brazos- es igual de bella que tu Charlotte- se sentó en la cama a nuestro lado, sin dejar de sonreír.
-Mi preciosa Kaitlin- sonreí-¿te gusta el nombre? Pensé un nombre de niña y otro de niño, por si acaso-seguí sonriendo.
-Kaitlin es precioso, como ella- dijo Marc sin dejar de mirarnos- tengo a mis dos damas junto a mí, ahora si soy realmente feliz.
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