La visita de mi madre me dio ánimos. Sentí que si ella estaba de nuestra parte, nada podría salir mal. Así que, sonriendo, decidí escribirle una carta a mi amada, y dejársela en nuestro claro, para notificarle un poco sobre mis avances. Recogí mis notas de por la noche, donde había apuntado distintos destinos para nosotros y le hice un breve resumen sobre ellos que incluiría en el sobre. Cuando tuve todo organizado y estuve tranquilo, me puse a escribir.
Mi Julieta,
Ando emocionado por la cantidad de noticias que se suceden, una detrás de otra. El saber que un fruto de nuestro amor está creciendo en ti me convierte en el hombre más dichoso del mundo. Nunca creí que pudiese amar más de lo que te amo a ti, pero creo que mi corazón se ha hecho más grande y ahora tiene el doble de amor para ti y para nuestro pequeño. Me gustaría poder estar a tu lado, poder cuidarte y amarte como te mereces. Pero falta poco tiempo para que ese sueño se haga realidad.
Me encuentro intentando hallar que mejor lugar sería nuestro destino, para cuando nos vayamos juntos. Un lugar tranquilo, donde poder criar a nuestro bebé sin preocuparnos. Adjunto en este sobre te mando una lista de los posibles destinos, para que tú también puedas escoger.
He calculado que para irnos, lo ideal sería hacerlo en un plazo máximo de un mes. Así nadie llegaría a notar tu estado y no se percatarían de nuestros planes.
Nunca olvides lo mucho que te amo, Julieta
Con amor
Tu Romeo
Cerré el sobre y salí de palacio. Me dirigí a las cuadras y ensillé mi caballo. Cuando todo estuvo listo, partí hacia el bosque, hacia nuestro claro, para poder dejar la carta allí. Lo único que esperaba era que coincidiese con ella allí… Mi corazón estaba impaciente por volver a estar a su lado. Pero cuando por fin llegué, el lugar estaba solo. Miré a mí alrededor, y no lo vi tan hermoso como cuando ella estaba allí. Suspiré y finalmente dejé la carta en el lugar acordado. Pero cuando estaba a punto de volver a montar en mi caballo, me lo pensé mejor, y cogí una pluma que llevaba y cogí de nuevo el sobre. Debajo del nombre de Bella, escribí una frase para que ella sonriese al verla, igual que yo estaba sonriendo al pensarla. “Cuida de mi corazón… lo he dejado contigo”…
Con esa sonrisa, finalmente subí a mi caballo. Volví a dirigirme a palacio antes de que nadie me echara de menos y saliese en mi busca. Mientras cabalgaba pensé en un par de cosas que mi madre podría hacer por nosotros, como conseguirnos algo de dinero con el que poder tirar hasta que nos ubicásemos en un sitio y yo consiguiese algún trabajo.
Cuando llegué, fui derecho a mi cuarto y me tumbé un poco en la cama, ya que me encontraba extenuado por tantas emociones. Cerré los ojos, y vi mi futuro. Era junto a ella, y nos vi con más niños. Sonreí de nuevo al ver lo felices que seríamos. Lo único que podía pensar era que haría todo lo posible porque ese futuro dejase de ser un sueño y se convirtiese en una realidad.
Me levante por la mañana con una sonrisa en la cara, la verdad me encontraba de mejor humor de lo que podía creerme, sabia que mi Julieta habría ido a por mi carta y además lo ocurrido con mi madre me daba grandes ánimos para no rendirme, para luchar por lo que realmente quería y amaba, Jane y mi hijo.
Bella
Los días pasaban como años, todo se hacia cada vez mas eterno, todos los días bajaba al claro a buscar cartas de mi amado y dejar mis respuestas, en un par de días nos iríamos juntos, lejos para poder criar a nuestro pequeño, habíamos quedado en nuestro claro, dónde nos habíamos entregado; intentaba comportarme igual como la reina que era, para que nadie notara mis planes.
Mike seguía insistiendo en acostarnos, en que fuera suya, pero solo esa idea me hacia repugnarle mas, dormíamos juntos pero cada uno en su lado y sin tocarnos, me levante sonriendo, ese día era el especial, era el día de mi fuga. Llegue al claro y allí estaba él, esperándome con una sonrisa inmensa acercándose a mi con los brazos abiertos, en aquellos brazos donde encajaba a la perfección, nos besamos con fugacidad notando la necesidad de los dos. Comenzamos andar hacia nuestra nueva vida, huyendo de nuestra triste y antigua vida, llevábamos andando casi cuatro horas cuando empezamos a oír caballos, cañonazos, gritos, enfados, debían de haber empezado mi búsqueda, llegamos a un claro, nos encontrábamos rodeados, no teníamos escapatoria y nos matarían.
La flecha me atravesó el brazo, caí en brazos de Edward, nos encontrábamos en mitad de una guerra entre nuestros reinos; una pequeña hada vino hacia nosotros, toco el brazo de Edward con dulzura, para llamar su atención.
-Acompañarme alteza, la princesa y usted, estaréis a salvo de esta guerra si me seguís- dijo con un tono dulce y mágico.
Edward acepto, me cogio en sus brazos, mientras notaba como mi cuerpo quedaba sin vida; al abrir los ojos me encontraba tumbada en una cama, con dos duendes mirándome, hablaban rápido y me tocaban la herida, echándome algo en ella, empezó arderme el brazo, yo mientras el dolor me atravesaba buscaba con mi mirada a Edward por toda la habitación, no le encontré, ¿Dónde estaba? le necesitaba a mi lado.
-Edward, Edward, ¿Dónde estas?-dije chillando
-Tranquila Edward esta hablando con Alice, el hada que os trajo, no debes alterarte, te encuentras muy delicada-dijo el duende tranquilizándome.
-Necesito verle, tenerle a mi lado por favor-dije suplicante intentándome levantar, el duende apoyo su mano dulcemente en mi hombro tumbándome de nuevo.
-No te muevas por favor princesa Isabella-dijo el duende- ahora llamo al príncipe Edward para que venga a verla alteza.
-Un segundo, ¿Cómo me llamaste?-pregunte desconcertada y mirándole fijamente.
-Princesa Isabella- dijo el duende- así es como se llama usted realmente, a propósito, disculpe mi desconsideración me llamo Carso.
-Yo no me llamo Isabella, soy Jane Nioman, princesa del Reino Alatar y reina del Reino Newton-dije duramente- Carso creo que se equivoca de persona.
-No princesa, usted en verdad se llama Isabella, los poderes que poseemos son muy potentes y curativos, vemos en el tiempo y sabemos que hace 18 años fuiste robada de tu verdadero hogar, el reino Violeta.
Mi cabeza daba vueltas por todo lo que Carso me contaba, sin poder creerme que yo no fuera la princesa Jane, que me hubieran robado nada mas nacer. El duende desapareció por la puerta, al poco apareció Edward, mirándome con preocupación, se acerco a mí abrazándome, yo me eche a llorar desconsoladamente en sus brazos.
-No llores mi niña-dijo Edward abrazándome mas fuerte- ¿Por qué llora mi ángel?
-Edward, Carso el duende que ha estado cuidándome me ha dicho que soy la princesa Isabella del Reino Violeta- vi como su cara cambiaba- que me robaron del reino nada mas nacer y eso no puede ser, soy la princesa Jane del reino Alatar.
-Isabella-dijo Edward tocándome la cara- ese nombre me es familiar- se quedo pensativo y volvió hablar- Isabella iba a ser mi esposa, pero la robaron y me comprometieron con su hermana menor Ángela, la cual no amo.
Me aparte de el rápidamente, levantándome de la cama y saliendo de la casa corriendo, Edward vino tras de mi, agarrándome el brazo.
-¿A dónde vas Isabella?-dijo tristemente.
-No me llames Isabella- dije fríamente, soltando su mano de mi brazo- soy Jane, no debería estar aquí, sino en mi reino, Newton,¿lo oyes Edward? Pertenezco al reino Newton y ese es mi hogar.
-Jane, Isabella, quien seas me da igual como en verdad te llames te amo y es lo único que me importa, es lo único que me vale para estar contigo-dijo entre sollozos- lo único que quiero es amarte y criar nuestro hijo juntos.
-No, Edward no puede ser, no se porque se me paso esta locura por la cabeza, no puedo huir aquí se acabo todo-dije tristemente y notando como mi corazón se volvió a romper- me entregare a Mike y este bebe será suyo y mío.
Salí corriendo, llegando al claro donde conocí a Edward, mis ojos lloraban desconsoladamente, sin poder controlarlas; seguí corriendo notando como poco a poco me debilitaba, llegue al palacio, entrando sofocadamente en el salón, antes de caer desmayada solo pude decir.
-Nunca- cayendo desmayada.
Edward
Estaba tumbado en mi cama cuando comencé a escuchar pequeños golpes en mi ventana, me acerque y vi que era Alice el pequeño hada que nos había salvado de la guerra; abrí la ventana cuidadosamente dejándola entrar; volví a mi cama sentándome.
-Alice, ¿Qué haces aquí?-dije amigablemente sonriendo.
-Alteza, me quede muy preocupada por la marcha de la princesa Isabella y usted-dijo mirándome con preocupación.
-Alice, por favor no me llames alteza, llámame Edward-dije mirándola fijamente- quería hablar contigo sobre lo relacionado con la princesa Isabella o Jane; la verdad me tiene confundido la historia y no se en verdad como llamarla-baje la mirada tristemente- aunque no creo que me haga falta volver a llamarla; seguramente no quiera verme mas.
-¿Por qué alteza, perdón Edward? ¿Sucedió algo con la princesa?- pregunto Alice.
-Porque cuando Carso la contó la historia de que se llamaba Isabella y había sido robada siendo un bebe, se hecho a llorar en mis brazos pero la llame Isabella y se enfado muchísimo diciéndome que ella era la Princesa Jane del Reino Alatar-mis lagrimas empezaron a caer- si en verdad ella es de ese Reino, nunca podremos estar juntos, nuestros reinos están enfrentados a muerte, mis padres la matarían nada mas entrar al reino al igual ocurriría en mi lugar en su reino seguramente, encima espero un hijo mio-note los brazos de Alice abrazándome- la amo tanto que no me hago a la idea de poder perderla.
-No te preocupes Edward, ella en verdad es la princesa del Reino Violeta, aunque ahora mismo ella no quiera creérselo y nosotros no podemos demostrárselo con pruebas concluyentes, todo se arreglara y podréis estar juntos, nacieron para estar juntos-dijo Alice acariciando mi cara-ahora Edward descansa tranquilamente.
Me tumbe en la cama mientras veía como Alice desaparecía por la ventana, mis ojos se iban cerrando poco a poco, imaginando mi boda con Isabella, felices, amándonos y sin ningún impedimento.
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