Cuando el sol salió aquella mañana ya estaba más que preparado. Me encontraba impaciente por salir, pero tenía que esperar a los soldados. Si por mí hubiera sido, hubiera salido aquella misma noche. Pero necesitaba la ayuda de los chicos, no podía hacer esto solo. No sabía quien se había llevado a Bella, y no podía cometer la locura de lanzarme a la aventura solo. Seguía rondándome una y otra vez el nombre de Newton en la cabeza, pero Mike no pudo ser. Sospechaba de sus padres, pero la brújula no apuntaba en dirección a su reino, y tenía noticias de que ellos se encontraban allí. No podía dejar de darle vueltas a la cabeza, pero no se me ocurría nada. Tal vez todo fuese una coincidencia…
Al salir los primeros rayos de luz, bajé a las cuadras, ensillé mi caballo y esperé en la puerta. Los soldados no se tardaron mucho en llegar, así que pudimos partir temprano. Fuimos a galope, sin parar a comer ni a beber, siguiendo el camino que marcaba mi brújula, mientras notaba que los soldados me miraban como si estuviera completamente loco, aunque no comentaban nada.
Después de varias horas cabalgando, llegamos a una zona del bosque, escondida, donde se encontraba un viejo castillo de piedra en ruinas. Consulté mi brújula una y otra vez, por si era un error. Pero no había fallo posible, la brújula señalaba al edificio parcialmente derruido. Mi Bella estaba ahí dentro. Les hice unas señas a los soldados, para alejarnos un poco de allí, y así poder organizarnos tranquilamente.
Yo entraría por Bella, seguido de unos cuantos hombres. Otros, se quedarían en la entrada, vigilando por si aparecía alguien o, en caso de escuchar embrollo, nos siguieran rápidamente para ayudarnos en la posible lucha que se nos pudiera presentar. Dicho esto, nos dirigimos directamente al castillo. Yo seguía a mi brújula, que nos guió hasta uno de los torreones del edificio. Entramos y de golpe la oí. Gritaba y chillaba, pero era ella, ella estaba ahí.
- Alec, ¡sácame de aquí! No quiero estar contigo, al igual que no quise estar con tu hermano. Te ordeno que me saques de aquí – gritaba sin cesar mi amada – cuando Edward llegue, juro por dios que le voy a decir que te mate y me entregue tu cabeza en una bandeja. – me acerqué a la puerta de donde provenía su voz y con la ayuda de los hombres que me acompañaban, la tiramos abajo. Bella estaba allí, llorosa, asustada de ver la puerta tirada, pero en cuanto me vio, una sonrisa iluminó su rostro y se arrojó a mis brazos.
- Bella… mi Bella… -susurré a su oído, acariciándole la espalda, mientras ella sollozaba, aliviada por verme.
- Edward, he pasado tanto miedo…
- ¿Quién ha sido Bella? ¿Quién te ha hecho esto? – le pregunté.
- Ha sido Alec, él me trajo. –Dijo ella, mientras miraba hacia todos lados, nerviosa- por favor Edward, vámonos, sácame de aquí cuanto antes… -un ruido nos sobresaltó, y Bella se escondió rápidamente en mi espalda.
- ¿Qué es lo que tenemos aquí? – preguntó un chico rubio que acababa de llegar, seguido por una legión de soldados. Me quedé pálido al ver la cantidad de hombres que le seguían… - Veo que tenías razón, Jane. Tu… Edward – soltó mi nombre como si lo escupiera – ha venido a sacarte de aquí… aunque creo que se va a quedar aquí, para siempre… dándole de comer a los buitres – comenzó a reír, soltando una risa socarrona y fuerte, que no hacia más que enfadarme cada vez más.
El tal Alec entró de pronto a la habitación, cogiendo a Bella fuertemente del brazo y apartándola de mí. Intenté evitarlo, pero todos los soldados que iban con él se nos tiraron encima y tuve que ponerme a luchar para salvar mi vida. Bella gritaba mientras Alec se la llevaba, por mitad de aquel tumulto, y no podía hacer nada para evitarlo. Intenté llamar a los soldados que habían quedado en la puerta, pero a través de una ventana, vi con horror que los habían matado a todos. Y ahí estábamos, a punto de morir, solos, sin ningún tipo de ayuda… Entonces recordé el cuerno, mi cuerno, y corrí escaleras arriba, hasta meterme de nuevo en la habitación donde se encontraba Bella. En cuanto me vi libre de manejar mi espada, lo saqué y soplé, una, dos, tres veces. Esperaba que en verdad fuera efectivo…
Volví a salir y me dirigí al centro de todo aquel jaleo, empuñando mi espada, hundiéndola en la carne de aquella gente, una y otra vez. Me sentía mal, no me gustaban las batallas, pero era ellos o yo, y lo único que quería era que todo acabara cuanto antes, para salir en busca de Bella. Me daba terror pensar en lo que aquel mal nacido podía hacerle.
De pronto, una luz cegadora iluminó todo, haciendo que la lucha se detuviese durante unos instantes. Entonces, entraron elfos, duendes y hadas por todas partes. Reconocí a Alice, Reneesme, y a algunos de los duendes que nos habían ayudado a Bella y a mí hace algún tiempo. Todos venían con cara de malas pulgas, y se lanzaron directamente a la batalla. Los soldados de Alec se encontraban desconcertados, pero sin perder un minuto, se pusieron a luchar de nuevo.
Las hadas cegaban a los soldados, los duendes los inmovilizaban con hechizos, y los elfos lanzaban flechas que se clavaban con una puntería asombrosa en rodillas, manos y brazos a quien fuesen dirigidas. Observé que la intención de ellos no era la de matar a nadie, sino herirlos lo suficiente como para detener esta locura, pero de una forma en la que luego sería fácil que se recuperaran. Admiré eso en ellos, su amor a la vida, y el respeto que le tenían. Cuando todo parecía terminar, los pocos soldados que quedaban ilesos se rindieron, viendo la suerte que habían corrido sus compañeros, dejándonos vía libre para salir de allí.
Alice se acercó a mi lado y me miró fijamente, como no atreviéndose a preguntar que había pasado.
- Es Bella, Alice –le contesté antes de que ella se atreviese a decir con palabras lo que con sus ojos me expresaba – la habían secuestrado, y cuando vine a rescatarla, todo resultó ser una encerrona. Cuando parecía que todo había quedado un susto, apareció Alec, con una legión de soldados, y se fue de nuevo junto a ella mientras nosotros nos encontramos así, en medio de esta guerra sin pies ni cabeza.
- Tranquilo Edward, no te agobies. Ahora lo que necesitamos saber es, ¿dónde está Bella?
Iba a sacar mi brújula del bolsillo para indicarle el camino… pero no estaba ahí. Inmediatamente me puse nervioso y paseé de un lado a otro intentando encontrarla. Cuando por fin lo hice, quedé horrorizado. Estaba en el suelo, pisoteada, destrozada… ni siquiera estaba la aguja allí cerca, para intentar repararla. Entonces, fue cuando caí en la cuenta, haciendo que me quedara completamente inmóvil, por los nervios, de la pregunta que había hecho Alice…
“¿dónde está Bella?”
Esa pregunta me atormentaba rondando todo el rato por mi mente, sin saber que hacer, por donde empezar la búsqueda, a quien mas avisar, por mi culpa, habían matado a muchos de los hombres que me acompañaban y otros tantos se encontraban en esa habitación malheridos, las hadas, duendes y elfos, curaban a los heridos, pero por los muertos nada se podía hacer ya, eso me hizo desplomarme al suelo, lleno de dolor, por la impotencia del momento, mi brújula había sido destruida y ya no tenia nada por donde empezar la nueva búsqueda de mi amada.
Alice y Reneesme se acercaron a mí abrazándome, mientras oía como Carso y Jacob hablaban a mis soldados de un plan de búsqueda, de estar todos unidos para ser mas fuertes, mis palabras no salían de mi boca, estaba totalmente rígido notando los brazos de Alice y Reneesme dándome fuerzas, que ya apenas me quedaban. Pero un pinchazo en el corazón por la falta de mi esposa hizo que reaccionara, que me levantara y me girara a todos bruscamente.
-No se por donde comenzar la búsqueda, pero debo encontrar a mi esposa, no puedo permitir que este mas tiempo que Alec, a saber que salvajadas la hará y ella espera un hijo-dije firmemente- os necesitare a todos, pero entiendo que queráis volver al reino después de lo ocurrido con vuestros compañeros- pero nadie se movió de donde estaban, mostrándome así, que me seguirían.
Salimos de aquel castillo en ruinas y nos dirigimos al bosque que había al lado, pudiendo seguir el rastro de algo, íbamos mirando a todos los sitios, hasta que vi un trozo del vestido de Bella, de mi amada esposa, me acerque cogiendole, era un trozo pequeñísimo, seguí al galope viendo mas trozos, ella nos estaba dejando un rastro para poder encontrarla, saber donde se encontraba, seguimos galopando siguiendo su rastro, sin detenernos para nada, hasta que comenzamos a oír alboroto en el bosque, provenía de un claro; allí se encontraba ella con todos los hombres de Alec y él.
Nos fuimos acercando sigilosamente al claro sin acercarnos demasiado para que no notaran nuestra presencia, hasta elaborar un plan y saber como salvarla, vi que la tenia amarrada a un árbol, tenia mala cara y en su estado debía estar mas débil aun, eso hizo que me ardiera el cuerpo, deseando salir y matarla por lo que la estaba haciendo a mi esposa; pero las hadas, duendes y elfos tenían una mejor idea y así no tener que matar a nadie al menos que fuera para salvar la vida de uno mismo. Pararían el tiempo excepto para nosotros, nos daría tiempo de coger a Bella y sacarla de allí, lesionaríamos a los hombres para que no pudiesen moverse como lo habíamos echo con los que habíamos dejado en la torre de aquel castillo, no eran muchos, pero los suficientes para poder matarnos a todos y Alec, quería matarle, necesitaba matarle para asegurarme de que no la volviera a tocar, de que nos dejaría en paz.
-Sabemos que deseas matar a Alec y si de verdad es lo que quieres, podrás, pero en una lucha igualada, el tiempo no se parara para él tampoco solo para sus hombres y los tuyos, mientras nosotros rescatamos a la princesa Isabella- dijo Carso muy serio mirándome.
-No le tengo miedo, me gustaría que fuese igualada, no seria justo que no pudiera defenderse-dije mirando hacia el claro- solo quiero pediros un favor, la última vez que luche olvide quien era, de donde provenía y a ella, esta vez no me dejéis olvidarla, por favor-dije mirándoles suplicantes.
Se dispusieron a parar el tiempo, cuando lo hicieron, entre en aquel claro seguro de mi mismo y con precaución para que al verme no la tomara a ella, como amenaza, le di un pequeño toque en la espalda haciendo que se volteara y le di un puñetazo en la cara, que hizo que se cayese al suelo sangrando por la boca, me miraba con odio y rabia, cuando giro su vista hacia el árbol donde había atado a Bella, lo encontró vacío.
-Maldito seas Edward Cullen, me distes para despistarme y que tus amiguitos robaran a tu amada, la cual me pertenece-dijo levantándose del suelo.
-A ti solo te pertenece la muerte- dije sacando mi espada- ella no es de tu propiedad, por el simple echo de que Isabella Swan, princesa y próxima gobernadora del Reino Violeta- dije cada vez mas seguro, moviendo mi espada hacia él.
Él saco su espada, haciéndonos empezar la lucha, estábamos bastantes igualados, Alec luchaba mucho mejor que su hermano, además de saber manejar la espada, me costaba poder dar un golpe que no fuera en su arma, hasta que no se porque pude clavarle la espada en el costado, haciendo que cayese al suelo de nuevo, pero esta vez para morir allí.
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