Capítulo 14: NOTICIAS

Bella

Allí me encontraba en ese maldito reino del cual me había convertido reina, sin quererlo ni beberlo, hoy me tocaría cambiarme de dormitorio y dormir con mi esposo, no podía ser; baje al jardín donde me puse a caminar e intentando dejar mi mente en blanco, me notaba un tanto débil, seria de los nervios que había pasado en estas semanas, unas nauseas se apoderaron de mi con un fuerte mareo que hizo que me agarrara a un árbol para no caerme, me senté en el banco mas próximo donde intente respirar profundamente y tranquilizarme; estuve un rato ahí hasta que note que las nauseas y el mareo desaparecían, me levante y entre en el castillo, subiendo a la habitación para darme un baño, pero salí corriendo hacia el WC donde comencé a vomitar, al terminar me senté en el suelo y mi peor pesadilla se echo en mi, tenia toda la pinta de estar embarazada, no podía ser, solo lo había echo una vez, hacia dos semanas en aquel claro con Edward,¿Cómo iba a explicar mi embarazo si no había tenido relaciones con mi esposo?¿Como iba a tener un bebe bastardo ante sus ojos? no podía permitirlo, le matarían y ami tras él, no iba a dejar que el fruto de amor de Edward y yo fuera asesinado, tenia que salvarlo, aunque fuera escapándome del reino; pensé muchas maneras de avisar a Edward y escaparme, pero a cada cual mas imposible y alocada, rezaba para mis adentros por una solución, cuando el pequeño duende del claro, Jacob, llamo a mi ventana con un pequeño tintineo, le abrí dejándole entrar.
-Majestad, venia a felicitarla por su embarazo, aunque veo que no esta muy contenta con esa noticia-dijo Jacob dulcemente
-No estoy contenta porque si mi esposo se entera nos matara a los dos y mi hijo no debe morir-dije entre sollozos-necesito avisar a Edward y escaparme de aquí, necesito salvar a nuestro bebe.
-Nosotros os ayudaremos majestad, nosotros avisaremos a Edward para que se encuentre con usted-dijo Jacob tocando mi cara tiernamente.
Me levante del suelo, cogiendo un papel y una pluma, para escribirle una carta a Edward y Jacob pudiera entregársela.

Hola mi Romeo
Te escribo esta carta con una gran pena y angustia, aunque en verdad también con jubilo, necesito verte urgentemente, mi vida corre riesgo, por lo que no puedo permanecer mas en el reino, espero a nuestro hijo, tuyo y mío romeo, no puedo permitir que Mike le mate por ser bastardo ante él, debo luchar por salvar su vida aunque sea lo ultimo que haga de la mía, son 9 meses lo que debo de esperar y no dejar de luchar; se que con mi marcha una gran guerra se avecina y a lo mejor es demasiado egoísta querer salvar dos vidas por las tantas muertes que puede haber con mi fuga, pero es tu hijo, tuyo y mío. Espero verte esta medianoche en el claro, donde nos unimos.

Tu amada Julieta.


Le entregue la carta a Jacob, quien se marcho rápidamente por la ventana a la hora o así, volvió para avisarme de que Edward había estado de acuerdo en vernos en ese claro a medianoche, Jacob me dijo que pararía el tiempo de nuevo, solo durante una hora como mucho para poder salir del reino, hablar con Edward y volver al reino, eso hizo que mi animo subiese un poco.
Baje al comedor donde cene con mi esposo, él cual no hacia nada mas que sonreírme y tirarme besos como un completo estupido, nos fuimos al dormitorio en conjunto donde el pretendía hacerme suya.
-Por favor Mike, todavía no estoy preparada-dije con la cabeza agachada-me gustaría esperar un poco mas.
El pareció molesto pero no me presiono, algo extraño, sabiendo de todo lo que era capaz, nos metimos en la cama en donde apenas en unos minutos el ya roncaba en su dulce sueño, yo con los ojos abiertos, espero hasta las 23:59, en donde vi que entraba Jacob y paraba el tiempo, haciéndome salir del reino y marchándome rápidamente al claro, donde me esperaba Edward con una enorme sonrisa.
-Mi amor, mi Julieta-me abrazo y beso dulcemente en los labios-me alegro recibir tu carta y la noticia que me dabas en ella, yo también luchare por la vida de dos, de mi pequeño y de ti, no dejare que nadie os haga nada.
-Edward por favor-le puse un dedo en sus labios callándole dulcemente-escúchame no dispongo de mucho tiempo, y necesitaba verte, porque debemos de pensar un plan, intentare mandarte cartas através de Jacob, pero si alguna vez no puedo, vendré a este claro con la escusa de pasear y la dejare en un hueco que ahí en ese árbol de ahí, debajo de las raíces, lo tapa el musgo, por lo que nadie sospechara, tus respuestas también las esperare ahí, cada día vendré a verlas-al terminar de hablar bese sus labios con tal fugacidad que un escalofrío recorrió mi cuerpo-ahora he de regresar al reino, con mi esposo, para que no noten mi marcha.
-No te vayas todavía Jane por favor-dijo sollozando Edward-apenas hemos estado juntos.
-no puedo de verdad Edward, me encantaría pero no puedo-mientras me alejaba de él, me gire para decirle la ultima palabra-NUNCA
-NUNCA- respondió el tristemente.

Edward

Volví al reino con la cabeza gacha. En verdad me había hecho feliz la noticia de ser padre, y mucho más poder volver a ver a Jane, aunque no hubiese sido por más de unos minutos. Quería estar con ella para siempre, y ahora tendría la oportunidad que tanto anhelaba. Tendríamos que huir, y sería duro, lo sabía, tener que pasar el resto de nuestra vida como fugitivos, ya que removerían cielo y tierra en los reinos para encontrarnos… Debía planearlo todo con mucho cuidado, deberíamos alejarnos de nuestros reinos y los vecinos, ir a un lugar que nos resultase desconocido en el cual también nosotros resultásemos desconocidos a los demás…
Cuando llegué a casa, me fui directamente a mi habitación. Me relajé al comprobar que nadie se había percatado de mi ausencia, ya que sería muy difícil de explicar que hacia fuera del reino a estas horas de la noche. Me encontraba demasiado excitado por las noticias del día como para dormir, así que decidí comenzar a planear todo lo relacionado con nuestra huida, para que Jane no tuviera que preocuparse con nada y pudiera tener un embarazo todo lo tranquilo que pudiese ser, dada la situación.
Encendí las luces de mi cuarto, aunque antes cerré las ventanas y las tapé, para que nadie viese luz desde fuera del castillo. También cerré la puerta de la habitación con llave y puse algo de ropa debajo de la puerta, para que la rendija de luz que saliese de allí no me delatase. Después de asegurarme de que nadie me descubriría, busqué un viejo atlas en unas estanterías. Era un libro antiguo, que me regaló mi padre cuando vio que la geografía me interesaba cuando era más pequeño. Lo abrí y me puse a investigar todos los reinos que existían. Me puse a pensar cuales eran con los que mis padres no tenían contacto, para huir allí y poder escondernos sin que nos descubrieran.
No sé a que hora de la noche me quedé dormido, pero desperté sentado en el escritorio y con todos los papeles sobre mis anotaciones pegados a mi cara. Alguien estaba intentando entrar en mi cuarto, pero como se encontraba cerrado, me estaban llamando para poder pasar. Rápidamente escondí todo lo que tenían encima de la mesa, me quité la ropa, me puse el pijama y abrí. La sorpresa es que en vez de ser el ama que se encargaba de ayudarme por las mañanas, era mi madre.
- Madre, ¿pasó algo? –le pregunté. Hacia muchísimo tiempo que no venía ella por las mañanas, así que su presencia hizo que me preocupara un poco.
- Nada hijo, ¿no puede tu madre venir a verte a tu cuarto? –me contestó sonriendo, aunque la alegría no le llegó a los ojos.
- Madre… suéltalo, por favor –le insistí. Quería que me confesase el verdadero motivo de su visita. Ella soltó un leve suspiro antes de decidirse a hablar.
- Yo solo… quería saber que tal estabas… El día de la boda de la princesa Jane con lord Newton estuviste muy extraño. –Me quedé asombrado, y seguro que mi boca tenía forma de “o” por la sorpresa. ¿Tanto habían notado lo que me molestaba la boda? ¿Lo habría notado alguien más a parte de mi familia?- Así que empecé a atar cabos sueltos, y la única conclusión lógica que encuentro es que Jane Nioman sea tu chica misteriosa, de la cual me hablaste hace largo tiempo.
- Mamá… yo… no, no es lo que te imaginas… -no sabía que decirle. No pensaba que alguien se hubiese dado cuenta de nada.
- Tranquilo hijo… No voy a decir nada –me contestó ella sonriendo- Sólo quería que supieses que sentía mucho que las cosas no hubieran salido bien entre vosotros. Pero ella… bueno ella no, pero sus padres no son muy queridos por nosotros. ¿Lo sabías, verdad? –sólo pude asentir. Estaba estupefacto por percatarme lo intuitiva que podía llegar a ser mi madre- Hubiese sido un gran problema el que vosotros iniciarais una relación. Sé lo que te prometí, créeme que no lo olvido, al igual que sé que tú tampoco. –recordaba su promesa. La de que podría casarme con quien quisiera, siempre y cuando lo hiciera dentro del plazo- Pero con ella no podría ser…
Empecé a recordar el dolor de todo este tiempo, los muchos altibajos que habíamos tenido, y no pude evitar echarme a llorar. Mi madre me cogió entre sus brazos y me cobijó en ellos, haciendo que yo sollozase más fuerte. Tenía que contarle, tenía que desahogarme con alguien acerca de todo lo que tenía encima. Era demasiado joven para guardar un secreto tan grande.
- Mamá, ella… ella… -intenté hablar, pero entre los hipos del llanto y el que no sabía por donde empezar, hacia que no pudiese decir nada coherente.
- Tranquilo, hijo… Yo siempre estaré aquí para ti. –sus palabras de consuelo me dolieron aún más. Si me iba con Jane, ni mi madre ni nadie estaría más junto a mí. Nadie podría volver a consolarme como estaba haciendo ella ahora conmigo. Debería ser fuerte y apechugar con lo que viniese, para darle ánimos a la madre de mi hijo… mi hijo…
- Ella está embarazada –solté de golpe. No pensé ni en el efecto que podría tener mis palabras, pero ya lo había dicho, así que no tenía sentido guardarme nada- y el hijo que espera es mío.
- Pero… ¿cómo? –me preguntó ella. Supongo que estaría pensando como habíamos logrado estar a solas para tener la suficiente intimidad.
- Mejor no preguntes… no estaría seguro de poder explicarte, porque ni yo mismo tengo muy claro como se dio el lugar. Pero no tengo ninguna duda que lo que ella lleva en su vientre es el fruto de nuestro amor.
Mi madre se quedó callada y pensativa, mirando a ninguna parte. Estuve unos minutos mirándola, y la ansiedad se apoderó de mí. Preferiría que me estuviese gritando, que me pegase, me castigase… en definitiva, que reaccionase y me diese alguna muestra de lo que estaba pasando por su mente en estos momentos. Pasado un largo tiempo, que me resultó eterno, ella sólo se giró y me miró sonriendo.
- Voy a ser abuela –fue lo único que dijo. Me dejó muy sorprendido por su reacción. De la cantidad de cosas que podría decirme, de las muchas que podría echarme en cara, ella sólo pudo ver la parte buena de todo esto. Pero ella era así, siempre fue muy distinta a toda la gente que conocía. Por eso decía mi padre que se había enamorado de ella, porque nunca sabía con que iba a salir. La abracé mientras sonreía yo también, y después nos miramos fijamente a los ojos.
- Sé lo que quieres hacer hijo –me dijo después de que este bonito momento pasase.- Créeme cuando te digo que tienes todo mi apoyo, y que si hay algo en lo que pueda ayudarte antes de que te vayas, sólo tienes que avisarme. –quedé sorprendido de nuevo. Mi madre siempre había sabido leer mis expresiones, pero nunca llegué a pensar que podría ser tan claro para ella- Pero quisiera pedirte una única cosa –la miré expectante antes de que ella realizara su petición- Lo único que te pido es, que antes de irte, me lo digas. Quisiera poder despedirme de ti, tener un buen recuerdo de la última vez que vea a mi hijo –lágrimas asomaron en sus ojos, y se las sequé mientras asentía sonriendo. Volvimos a abrazarnos y cuando nos separamos, ella dejó un beso en mi mejilla. –Lucha por tu amor hijo. Lucha por ser feliz, porque lo mereces…

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