Capítulo 6: REENCUENTRO

Me dirigí hacia mi reino con el alma roto totalmente y sin dejar de llorar, deje el caballo y me dirigí a entrar al palacio, no hice mas que poner un pie dentro cuando oí el grito de mi padre.
-Edward, ven ahora mismo aquí-dijo entre gritos.
Entre en la sala y vi a mis padres en el trono y Emmet de rodillas ante ellos con cara de sufrimiento, mierda, me había olvidado del golpe que le había propinado en la cabeza a Emmet dejándole en el bosque.
-Padre, Emmet no tiene la culpa fui yo quien le dejo inconsciente, le propine un golpe en la cabeza, para marcharme sin él y poder ver a mi chica misteriosa-mis lagrimas comenzaron a salir dejándome de rodillas derrumbado- pero ya no tiene caso, ponerme el mas severo castigo, porque ya nada siento ni padezco, perdí el amor de mi vida y mi alma con ella-note los brazos de mi madre rodeando mi cuerpo, me acompaño hasta mi habitación, tumbándome en la cama como pudo, yo hice el resto con las pocas energías que me quedaban.

Fue una noche larga, por no decir eterna, no podía cerrar los ojos sin oír el llanto desgarrador de Jane, eso hacia mas dolorosa la perdida, no sabia como aguantaría el paso de los días, de los minutos incluso sin saber de ella, de cómo estaba o se encontraba, mi hermosa Julieta……

Bella

Allí me quede, destrozada, tirada en el suelo, rota en mil pedazos, sin poder parar mis lagrimas, sabia que al regresar al reino me caería reprimenda, pero no fue así, nadie había notado mi ausencia, me di un baño con mis ultimas fuerzas y me acosté, no cerré los ojos, no lo soportaba, solo hacia que ver el odio en los ojos de Edward, su manera de hablarme, su duro rechazo, hacia tan solo unos minutos antes, estábamos tan enamorados…….

3 meses después

Ya habían pasado 3 meses de mi ruptura o lo que realmente fuera con Edward, en el reino todos estaban inquietos, decían que una guerra peligrosa se nos avecinaba encima, la verdad ya nada me importaba, llevaba estos tres meses como un cuerpo sin vida, mis padres no habían puesto demasiado interés sobre mi estado debido a la guerra, bajaba hacia el jardín a tomar un poco de aire, cuando en el gran salón oí a mis padres hablar.
-James deberíamos atacar al reino Linzzer y Violeta para que no puedan ayudar a las hadas, duendes, ángeles, serian demasiados y muy fuertes contra nosotros- dijo mi madre preocupada.
Salí corriendo al jardín pensando en que mi gran amor, podía verse envuelto en una guerra mortal, perdiendo la vida en ella…, no soportaba esa idea y me dolía mas no poder avisarle, sabiendo lo que se avecinaba, sabia que nadie del reino me ayudaría y mas por ser de quien se trataba de avisar, el enemigo, aunque para mi no lo eran, mi reino no opinaba lo mismo, intentaba pensar un plan, algún modo de salir del reino sin que nadie se diera cuenta y como poder acercarme al reino Linzzer sin que me matasen para poder decirle a Edward lo que les iba a ocurrir.
Salí del reino, vi que nadie me seguía, no creo que notaran mi ausencia si era así, les diría que había salido a caminar, llegue al bosque donde nos conocimos, oí el galope de un caballo, estaba asustada de que mis padres hubiesen mandando a alguien a por mí, me puse detrás de un árbol, cuando vi que era Edward cabalgando en su caballo e iba con un chico al lado, salí de detrás del árbol y le llame, temerosa de su reacción.

-Edward-dije dando un pequeño grito- necesito avisarte de algo urgente y muy importante.
Paro su caballo y miro mi cara extrañado, el chaval se puso en postura de ataque mirándome.
-Jane que haces aquí-dijo sorprendido- ¿que tienes que contarme tan importante?
-Se trata de una guerra hacia tu reino, los hadas, ángeles y duendes quieren unir fuerzas con tu reino y el reino Violeta y mis padres temen que sean demasiados poderosos todos juntos y quiere atacar a tu reino y al de tu prometida-dije tristemente- solo necesita avisarte nada mas, ya me marcho no quiero que nadie note mi ausencia en el reino.

Edward

-¡Jane, espera! –ella se giró y comenzó a caminar rápidamente, haciendo caso omiso a mi llamada. Bajé de mi caballo y la perseguí, y cuando llegué a su lado la cogí del brazo. Ella se detuvo pero ni siquiera se dignó a mirarme.- ¿Por qué has hecho esto? ¿Por qué has venido a avisarme?
- Qué importa eso Edward –dijo con la cabeza cabizbaja, sin atreverse a enfrentar su vista con la mía.- Sentí que era algo que debía hacer. No le des más vueltas. Ya estás avisado del peligro que corre tu reino. Ahora suéltame para que pueda volver a mi casa.- Intentó zafarse de mí, pero era incapaz de soltarla… había pensado tanto en ella en este tiempo. ¿Cómo estaría? ¿Me extrañaría? Ahora que volvía a verla, sentía que no podía volver a dejarla marchar.
- Quédate conmigo… -susurré sin pensar. Al momento me arrepentí de mis palabras. Yo era el que la había alejado de mí. Ella volteó su cabeza hacía mí, sorprendida de mis palabras. Vi que tenía los ojos llenos de lágrimas, lo que me provocó un profundo pesar. Ella lloraba porque yo le había hecho daño. Intenté acercarla más a mí para secarle su llanto, pero aprovechó mi distracción para soltarse y empezar a correr. Me quedé quieto durante unos segundos, sin poder reaccionar, pero inmediatamente me subí a mi caballo y salí tras ella. Tenía que disculparme, decirle que todo lo que le había dicho la última vez que nos habíamos visto era mentira, que no había pasado un solo día sin pensar en ella…
La localicé pronto, pero era demasiado rápida, y zigzagueaba haciéndome más difícil interrumpir su huida. Pero su pie se enredó con la raíz de un árbol y cayó al suelo. Se quedó allí tendida mientras empezaba a llorar quedamente. Me bajé nuevamente del caballo y me acerqué a ella, cogiéndola en mis brazos para consolarla. Ella se aferró a mí con fuerza y se quedó en mi regazo. Al cabo de unos minutos, dejó de llorar y su respiración se fue normalizando. Cuando me di cuenta se había quedado dormida… Y en su cara se veía una gran sonrisa de felicidad.

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