-Capitulo 18-Malgastando la felicidad-

Peter se acerco a Marc y le abrazo, agradeciéndole todo lo que había hecho por él, en este mes, le felicito por acabar con Gabriel haciéndole caso aquel día en el claro, recuerdos, miles de recuerdos nos vinieron a todos a la mente, se nos notaba en la cara, nuestras miradas se cruzaban anhelantes de sonrisas, felicidad como cuando estábamos los cuatro juntos, unidos y enamorados.

Creo que Emma noto algo y agarro a Peter de la mano, dirigiéndose a la puerta.

-Vamos al jardín a tomar algo de aire fresco, a Peter le vendrá bien-sonrió guiñándome un ojo, casi imperceptiblemente.

Me despedí de ellos, con un gesto con la cabeza y volví a sentarme en la silla en la que me encontraba antes, sentía miedo por lo que pudiera decirme Marc, pero como le había dicho antes, no tenía nada que perder ya; le mire con miedo y nerviosismo, él se movió lentamente hasta mi, sentándose en la silla de al lado, mirándome y agarrando mi mano, un escalofrió recorrió mi cuerpo entero.

-Charlotte, yo…yo...-notaba sus nervios en la voz-tengo algo que decirte a lo que me contestaste antes; me duele saber que te rendiste a la vida, y en parte se que yo soy culpable, por no intentar superar el dolor y la rabia, debía de haberte apoyado en vez de machacarte tanto con mis miradas y mi odio-siguió agarrando mi mano- se que puede ser demasiado tarde, pero te amo y siempre te amado, no quiero estar más tiempo lejos de ti, porque no puedo, no quiero- me miro viendo como de sus ojos salían miles de lagrimas desenfrenadas- te pido miles y miles de disculpas, que aunque sé que no bastan, te suplico que lo intentes, que me perdones.

No podía oír mas, no lo soportaba, mis lagrimas caían, no se si de felicidad, dolor o esperando que esto solo fuera una horrible broma, un mal sueño del que deseaba salir, no quería sufrir más, no quería volver a ser engañada por él y aunque le amaba, sus cambios bruscos de humor, me asustaban, no me creía tan fuerte como para soportar una vez más aquello y si ahora era yo, la que no aprovechaba la oportunidad, esa tan esperada por mí, pero aunque mi corazón congelado me decía que debía perdonarle, mi cabeza no aguantaba un golpe más. Pero quería una despedida bonita y no como la ultima, si deseaba besar sus labios por última vez, no iba a desaparecer de nuevo, pero si alejarme de él, para los dos todo sería más fácil, puse un dedo en sus labios callándolos, ya cercándome a ellos, besándolos y apartándome.

-Lo siento Marc, pero…pero yo no quiero sufrir más, no puedo, un golpe más y moriré- dije levantándome de la silla- no es que no te ame, porque decirte eso solo seria mentirte y no lo voy hacer de nuevo, solo que tus cambios de humor me asustan, no quiero volver a confiar en poder ser feliz a tu lado y que tu vuelvas apartarme al segundo, porque no lo soportaría-dije sin dejar de llorar.

-Por favor Charlotte, por favor, dame esta última oportunidad, déjame remediar todo ese dolor que te produje, se que será complicado, pero amándonos como lo hacemos, nada es imposible-dijo levantándose y volviendo a mi lado, agarrando mis manos, acerco sus labios a mi oído-déjate llevar, solo ahora, tu y yo- y beso mis labios, pasando sus manos por mi cintura, pegándome a él; beso tras beso, me alzo colocándome en sus brazos y subiendo a su cuarto, tumbándome en la cama delicadamente, en aquella cama que todo comenzó, sus besos, sus caricias me hacían olvidar todo lo que le había dicho, nuestras ropas volaban por la habitación, notando su cuerpo dando calor al mío, en un baile mágico y en el que me deja llevar, sin importarme nada más. Pero ese baile acabo y verle tumbado a mi lado, mirándome, sonriendo, me volvió a la realidad, aquella realidad en la que yo, me había negado a darle otra nueva oportunidad; me separe de él, vistiéndome mientras su mirada de desconcierto me seguía, al terminar de vestirme le mire.

-Marc, como ya te dije no puedo y debo decir que ha sido una despedida dulce, aunque egoísta por mi parte, me deje llevar, demasiado lejos- y allí le deje tumbado en la cama sin saber qué hacer, mientras yo salía fugaz por su puerta, alejándome de su casa.

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