Capítulo 12: ESPECIAL

Edward

Ya había oscurecido, la verdad que lo agradecía, desde la ultima vez que había visto a Jane mi mente estaba desorientada y poco ubicada en su sitio; estaba en la cama con los ojos cerrados y alguien llamo a mi ventana, era un toque suave, me acerque y vi a una pequeña hada, con cabellos cobrizos, un color algo extraño pero parecido al mío, abrí la ventana dejándola pasar.
-Príncipe siento molestaros a estas horas de la noche, pero debe de acompañarme al bosque por favor-dijo mirándome sonriendo- hay un tema serio que tratar allí- hizo una pequeña reverencia y volvió a mirarme-Yo seré su guía, me llamo Reneesme, aunque mi familia y amigos me llaman Nessi.
-Encantado Reneesme-dije sonriendo- pero no puedo salir del reino a estas horas sin que la guardia me vea y avises a mis padres, los cuales montarían un escándalo a tu reino, por persuadirme de salir a estas horas del reino-dije amablemente pero serio- el asunto le intentare de tratar mañana diciendo que salgo a pasear.
-No príncipe debe ser ahora, por favor, si no fuera importante y urgente no habría venido a estas horas, debe entender que es de suma importancia-dijo el hada poniéndose cada vez mas nerviosa-me han enviado a por usted y si llego al bosque sin vos acabaran conmigo-dijo derramando lagrimas.
-De acuerdo Reneesme, iré contigo espero que nadie se de cuenta de mi falta en el reino-dije seriamente- ahora el problema esta en como salgo sin ser visto, mi habitaciones s una de las mas altas.
-Cierre los ojos príncipe-dijo sonriendo y la obedecí cerré mis ojos y note brisa en mi cara, ya estábamos fuera del castillo, en los jardines.
-¿Cómo hiciste eso Reneesme?-pregunte intrigado- ha sido mágico-sonreí.
-No tenemos tiempo de hablar, debemos ir al bosque rápidamente y como bien has dicho ha sido magia-dijo echando a correr-no podemos arriesgarnos a ir a caballo, para no hacer ruido.
La seguí hasta un claro del bosque, donde deje de verla y solo oía su voz.
-Príncipe sigue recto y encontraras otro claro, ahí estoy-dijo Reneesme con un susurro como si fuera el aire.
Seguí andando hasta el claro, cuando la vi, ¿Qué hacia ella allí? ¿Por esa razón me habían traído? ¿Como castigo por seguir amándola? No podía ser real, debía de ser solamente una ilusión, pero mi ilusión me miraba, sonreí y caminaba hacia mi, además también hablaba con la voz angelical de mi Julieta.
-Edward, ¿Qué haces aquí?-dijo sonriendo y mirándome-¿Eres una ilusión o eres mi amado de verdad?-dijo bajando la mirada triste.
-Soy yo en realidad, tu amado no lo creo, pues hace un año y medio, me desprendiste de tu lado, diciendo que no me amabas y que debía olvidarte-dije triste- hace unos días vi tus labios rozar por otros que no eran los míos y creí enloquecer.
-No te imaginas lo que me dolió aquel beso –me dijo Jane, muy triste- creo que Mike sólo intentó fanfarronear delante de todos, porque nunca antes se había acercado a mí, y no lo ha vuelto a hacer después de aquel día. Tampoco te imaginas el asco que me dio, ni lo mal que no pasé por sentir esos labios sobre los míos, en vez de los tuyos… -agachó su mirada, creo que avergonzada, pero yo no quería dejar de mirar aquellos ojos, así que me acerqué a ella, con delicadeza le cogí la barbilla y le levanté la cara, haciendo que me mirase fijamente.
- ¿Por qué me hacéis esto? –Le pregunté- ¿Por qué hacéis que tenga la ilusión de que me amais y, cuando menos me lo espero, rompéis mi corazón una y otra vez? –ella me miró, con dolor en sus ojos, que se le pusieron brillantes por las lágrimas que se acumulaban en ellos.
- Edward, en verdad yo te amo –me dijo, sonrojándose al hablar, pero sin apartar sus ojos de los míos- pero que nosotros mantuviésemos una relación, no traería más que problemas. Por eso intento que os alejéis de mí, para no sufrir con vuestra compañía, porque cuando estoy contigo sólo me apetece besarte, sin importarme nada más en el mundo…
- Entonces… sólo decidme… ¿por qué?
- ¿No lo entiendes Edward? En un par de semanas voy a casarme con Mike… Iba a su casa, para mudarme con él hoy mismo. Mis padres me han echado de casa… -su voz empezó a entrecortarse y vi que comenzaba a llorar mientras hablaba- Ni siquiera se han despedido de mí cuando me he ido. Intenté hablar con ellos sobre la boda, para cancelarla o por lo menos atrasarla, darme tiempo a planear algo para evitarla, y no me hicieron caso. Me he sentido tan sola…
- Yo nunca os dejaría sola. Siempre estaría a vuestro lado, dando apoyo en cualquier decisión que toméis, o simplemente poniendo mi hombro para que lloréis cuando algo saliese mal…
Ella apoyó su cabeza en mi pecho, mientras se desahogaba. Yo le acariciaba el pelo y dejaba suaves besos en su coronilla, tratando de darle confianza y seguridad. Tanto tiempo había soñado tenerla así entre mis brazos…
- Jacob me dijo una cosa –comentó ella con la voz tomada por el llanto- Jacob es el duende que me trajo aquí a esperarte –me explicó al ver mi cara de duda-. Me comentó que lo que ocurra aquí será como si nunca hubiese pasado. El tiempo está detenido hasta que volvamos cada uno a su lugar. Nadie notará que nos hayamos ido o el tiempo que hemos estado fuera.
- Entonces no quiero marcharme nunca de aquí. Quiero estar contigo para siempre –le dije rápidamente y ella se puso a sonreír.
- No creo que podamos hacer eso, algún límite tendremos. Pero… -dudaba de si hablar o no y yo le di un beso en la mejilla y entrelacé mi mano con la suya, para que viese que no tenía nada que temer.- En unas semanas me convertiré en una mujer casada y Mike me tendrá demasiado vigilada como para poder intentar veros. Así que…
- ¿Qué? –Le pregunté dolido- ¿Os vais a ir para no alargar más lo inevitable? Yo no podré Jane, no podré con la agonía que invade mi pecho, pensando que estarás en otros brazos que no sean los míos, que…-me silenció poniendo un dedo en mi boca mientras no dejaba de sonreír.
- No Edward, no me has entendido… Quiero que si esta es nuestra primera y última noche junta, sea especial.
- ¿Especial? ¿En qué sentido? –le pregunté, dudando sobre lo que me querría decir. Ella simplemente se acercó a mí y me besó con dulzura, mientras suavemente pasaba las manos alrededor de mi cuello y las bajaba lentamente por mi espalda, dejándome bien claro que era lo quería que pasara, a lo cual no opuse ninguna resistencia…

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