Bella
Salí corriendo del castillo antes de que nadie notara que no estaba. Esperaba que nadie me siguiese ni me encontrase. Quería llegar al bosque, porque tenía la esperanza de que mi chico misterioso estuviera allí de nuevo.
Intenté encontrar el claro de la otra vez, pero por más vueltas que daba no daba con él. Me metí a una zona del bosque muy frondosa. Entonces me di cuenta de que estaba perdida.
Edward
Cabalgué velozmente hasta el reino Alatar. Quería llegar cuanto antes y volver a ver a la chica que me quitaba el aliento, quería conocer su nombre y todo de ella.
Cuando llegué no había nadie. Bajé de mi caballo y até las riendas a la rama de un árbol para que no se alejase demasiado. Me senté a esperar, pero notaba que me pesaban los párpados y sin poder evitarlo me quedé durmiendo.
Un ruido me despertó sobresaltado. No sabía cuanto rato había dormido, pero lo que oí me resultó desgarrador. Sonaba como mi ángel, pero mi ángel lloraba y gritaba. Me levanté rápidamente y seguí su voz. Tenía que encontrarla, tenía que ayudarla y saber cuál era el motivo de su tristeza…
Llegué a una zona muy frondosa. Me costaba mucho avanzar, pero cada vez oía su voz más cerca, y era lo único que me animaba a seguir. Después de unos momentos conseguí llegar hasta ella. Estaba tirada en el suelo, encogida y demacrada. No debió oír que me acercaba, porque no se inmutó en ningún momento. Me acerqué con cuidado y puse una mano en su hombro. Ella calló su llanto y me miró, asustada, pero cuando vio que era yo, noté como se relajaba e intentó sonreírme, aunque le salió una mueca extraña. Me agaché y la abracé con cuidado y ella volvió a llorar mientras me abrazaba también.
- ¿Eres un sueño? –Me dijo entre sollozos- ¿Una jugarreta de mi imaginación?
- ¿Por qué decís eso? –le pregunté mientras secaba sus lágrimas una a una.
- Salí a buscaros y me perdí –cuando dijo esto se sonrojó profundamente y apartó su mirada. Yo la atraje de nuevo hacia mí mientras le sonreía.
- Yo también vine a buscaros, no tenéis porque avergonzaros. Pasé todo el día de ayer pensando en vos. Sólo deseaba volver a veros… a pesar de no conocer ni vuestro nombre.
- Jane… me llamo Jane Nioman. Y a mí me pasó lo mismo que a vos, sólo pensé en lo mucho que quería volver a veros –me dijo todavía un poco sonrojada.
- ¿Nioman? –Pregunté con temor en mi voz- ¿Eres hija de los reyes del reino Alatar?
- Sí, soy la princesa del reino… ¿Por qué? –me dijo cuando notó mi nerviosismo.
- Princesa, mi nombre es Edward… Cullen. Pertenezco al reino Linzzer, y al igual que vos, soy el heredero del reino. Pero mi familia está enfrentada con la vuestra. –había tal grado de tristeza en mi voz… ¿cómo pude enamorarme de esta chica? Nunca podríamos estar juntos, nuestra familia nunca nos apoyaría. La miré a los ojos y los vi de nuevo inundados de lágrimas, cogió mi mano con la suya y las entrelazó.
- ¿Por qué debemos ser enemigos? Mira nuestras manos, encajan a la perfección. No somos diferentes, sólo es el apellido el que nos separa… igual que en Romeo y Julieta –puso cara de dolor al decir esto último- Ayer sólo pensé en lo mucho que quería que fueses mi Romeo, pero ni por asomo imaginé que nuestra historia sería tan parecida.
- No, lo nuestro es peor. Mi familia os mataría si alguna vez cruzarais los límites de mi reino, y la misma suerte correría yo de que alguien se enterara que estoy aquí… Además, ya estoy comprometido. –ella me miró cuando le dije esto último- Pero no hay amor en esta unión. Es un acuerdo de mis padres junto a los reyes del reino Violeta… Siempre he tenido la esperanza de encontrar a alguien con quien compartir mi vida, y hacer que todo fuese diferente… Y ayer pensé que vos marcaríais esa diferencia, aunque no de este modo.
Ella me abrazó con más fuerza y nos quedamos allí, acurrucados, sin decirnos nada. Lo nuestro nunca sería posible… pero un gran nudo se instaló en mi pecho, impidiéndome respirar con normalidad al pensar en esto.
No podía creerme que hubiese encontrado a mi amor, mi luz y nuestra relación no fuese nunca posible por la rivalidad de nuestros reinos, sabia que mis padres no me apoyarían y menos por tratarse de la princesa del reino Alatar y sus padres harían lo mismo conmigo, mis lagrimas empezaron a salir descontroladas notando los brazos de Jane protegiéndome, dándome fuerzas, pero solo hice que derrumbarme mas, mostrándole todo el amor que sentía por ella en cada lagrima que salía de mis ojos.
-Edward por favor no llores-me abrazo mas fuerte- no soporto ver como sufres, haremos todo lo posible para vernos, para estar juntos, si hay que luchar se lucha, pero no voy a dejar que me separen nunca de ti, si he de sufrir la muerte para poder estar contigo en algún lugar la sufriré.
-Eso nunca Jane, no voy a permitir que te quites la vida, menos para estar conmigo- solo pasaban imágenes de su muerte por mi mente, no podía permitir que se quitara la vida para estar conmigo, no lo soportaría- Jane no vamos a estar nunca juntos, no podemos, así es nuestro destino, estoy comprometido con Ángela Swan y tengo que cumplir mi palabra de casamiento- me levante del suelo mirándola tristemente.
-Yo también estoy comprometida Edward, pero no deseo esa boda, no amo a Mike, ni nunca le podré amar, es cruel, malvado, un ser horrible y aunque también debería de cumplir mi palabra de casamiento por evitar una guerra a mi reino, te amo a ti-dijo todavía en el suelo llorando- solo deseo estar contigo, aunque me destierren de mi reino.
No sabia como poder detener todas esas locuras que se la ocurrían hacer para que pudiésemos estar juntos y aunque era lo que mas deseaba sabia que podría acabar muerta, encarcelada o maltratada, eso no podía permitírselo, por lo que subí el tono de voz y me puse serio mirándola con un odio tan fingido que me daba miedo que no creyera ni una palabra que la iba a decir.
-Jane, deja de fantasear de verdad, esto es la vida real y aunque Romeo y Julieta es una historia de amor fantástica, es solo eso, una historia, debes centrarte en la vida, aquí ahora mismo, no podemos estar juntos ni lo estaremos, no pienso provocar una guerra por un enamoramiento adolescente, que es lo que estamos sufriendo- dije dejándola de mirar y dándome media vuelta, empecé a escuchar su llanto, me moría de ganas de ir abrazarla y decirla que todo lo que la había dicho era mentira, pero no podía, no debía, me marche hacia mi caballo, cuando estuve lo suficiente lejos de donde ella se encontraba, comencé un llanto desesperado que salía ardiendo de mi alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario