Capítulo 16: SUCIA

Bella

Me desperté en mi cama, no sabia realmente que había sucedido, ni como había acabado allí, me sentía desorientada y bastante dolorida en el alma, mi mente empezó a llenarse de imágenes, cuando Carso me contó eso, cuando Edward me llamo Isabella, cuando corte con el definitivamente y salí huyendo del lugar acabando,¿aquí?.Tendría que buscar una excusa, algo para explicar mi huida y explicar como había acabado desmayada en la entrada del reino, no quería verle, no quería saber de Mike, no soportaría una reprimenda o incluso algo más horrible, seria capaz de hipnotizarme para sacarme la verdad de todo, no podía permitirlo.
Me di un baño intentando tranquilizarme, me vestí y baje al comedor donde sabia que estaría Mike, esperándome, cuando llegue su mirada furiosa me mirada, me controlada cada movimiento, cada respiración que daba, eso me hacia ponerme mas nerviosa y casi sin fuerzas para hablar y disculparme.
-Buenas tardes-dije amablemente e intentando calmar mi voz- quería pedirte una disculpa y darte una explicación.
-Si, como mi esposa me debes una explicación-dijo furioso-mas vale que sea buena o te acordaras de tu aventura durante toda tu vida-dijo amenazante-
-Salí del reino a pasear, pero después de unas vueltas me di cuenta que estaba perdida y desorientada no sabia donde me encontraba, me apoye en un árbol por el cansancio, acabe llorando y me dormí, cuando desperté eche a correr y cuando llegue aquí me desmaye-dije intentando sonar serena y tranquila.
-Sabes que no me gusta que salgas sola del reino, mira lo que te paso, podía haber sido peor, te podían haber echo daño o incluso matado-dijo levantándose y acercándose a mi- no quiero que nada malo la ocurra a mi mujer, la amo demasiado-dijo besando mis labios.
-Lo siento de verdad, no quería preocuparos ni asustaros, mi intención era solo salir un poco del reino a pasear tranquilamente, nunca me ha gustado estar encerrada entre muros y de vez en cuando me gusta salir fuera a pasear-dije con dulzura, para que no notara nada extraño.
El día paso sin que Mike volviera a preguntar nada de lo ocurrido, pareció creerme, subí al cuarto, me cambie en el baño, para que mi marido no me viese desnuda, al salir me miro picadamente lo que me produjo una arcada que controle, se acerco a mi, me beso el cuello, me agarro de la cintura tumbándome en la cama.
-Mike todavía no estoy preparada-dije despegándome de él.
-Estoy cansada de tu rechazo Jane, serás mía esta noche te guste o no-dijo rasgando mi camisón, besándome por todo el cuerpo, tocándome , cada vez mas furioso y con mas pasión, intenté deshacerme de él, pero su fuerza hizo que no pudiera levantarme de la cama, quito mi ropa interior dejándome desnuda ante él, se quito toda su ropa, penetrándome bruscamente, haciéndome suya a la fuerza, mis lagrimas salían descontroladas, repugnando ese momento con todo mi odio; termino de penetrarme y se tumbo en la cama, quedándose dormido al instante, yo me senté en la cama todavía desnuda y abrazándome las piernas con los brazos, repugnándome.
Volví a mirar a Mike. El sólo recordar lo que acababa de suceder hacia que me sintiese asqueada de mí misma. Sin poder controlarme, me levanté y salí disparada hasta el cuarto de baño. Levanté la tapa del inodoro y vomité violentamente. Seguí allí, durante un buen rato, hasta que nada quedó en mi estómago. Comencé a llorar y me senté en el suelo, abrazándome las piernas, mientras no dejaba de pensar que qué había hecho yo para merecer esto…
Cuando ya no me quedaron lágrimas me puse de pie lentamente. Tenía todo el cuerpo dolorido por culpa de… no, no quería pensar más en eso. Me dirigí a la habitación, tomé mis ropas y como pude, me vestí. Después, salí de aquel cuarto. No quería volver a ver a Mike Newton nunca más en mi vida. No podría volver a mirarle la cara, sabiendo lo que había hecho conmigo. Sé que era mi deber como esposa el complacerlo de esa manera, pero yo no me encontraba preparada para hacer algo así con él. Con lo fácil que fue con Edward. Intenté recordar la noche de nuestra unión, pero sólo me venían imágenes de lo que había pasado con Mike una y otra vez a mi mente. Lágrimas volvieron a caer de mis ojos, así que hice lo único que podía: huir. Pero esta vez lo haría sola, no quería a nadie a mi lado. Me sentía sucia, asqueada, y lo que menos quería era tener a alguien conmigo que lo único que haría sería compadecerse de mí. Yo podría valerme por mí misma.
Busqué una pequeña maleta, que fuese fácil de transportar, y cogí únicamente lo imprescindible. Tenía que aprovechar que era noche temprana y que nadie despertaría hasta horas más tardes, para poder alejarme lo suficiente y poder tener una ligera ventaja. Busqué la carta de Edward, la que me decía en que reinos correríamos menos peligro de ser descubiertos. Sería lo último que tomaría de él…

Edward

Habían pasado semanas desde que Jane había huido de mi lado. Desde entonces, había permanecido en mi cuarto, acostado en la cama, pero sin poder apenas dormir. Mi madre venía a visitarme una y otra vez, intentando hablar conmigo y que le explicara lo que había salido mal. Pero yo no tenía ganas de revivirlo de nuevo. Había estado tan cerca de conseguirlo… Había tenido el futuro que había deseado al alcance de mi mano, y por una estúpida revelación, ella había desaparecido de mi lado… otra vez. Me di la vuelta en la cama, ya que llevaba bastantes horas en la misma posición y me notaba entumecido. Cerré los ojos, y la imagen de Jane vino otra vez a mi mente. Las lágrimas cayeron por mi rostro, pero no tenía fuerzas para secármelas. Sólo quería que este dolor desapareciese, deseaba no haberla conocido nunca, para no haberle otorgado tanto poder sobre mí…
Tocaron a la puerta y alguien entró con brusquedad a mi cuarto. Yo ni me inmuté, porque ya nada me importaba. Cerraron de nuevo la puerta, pero esta vez oí que alguien echaba la llave. Con un esfuerzo sobre humano, giré sobre mí mismo para ver quien osaba molestarme. Era mi madre, y su rostro no auguraba nada bueno.
- Hijo –dijo susurrando fuertemente- tenemos que hablar.
- No hay nada que decir, madre –le dije con la voz rota.
- No Edward, esto es en verdad urgente –dijo ella un poco alterada. Me sorprendió el verla así, ya que por lo general ella era bastante tranquila- Lee esto. –me entregó un papel que llevaba el sello del reino Newton. Una punzada de dolor atravesó mi corazón, pero decidí leer lo que dijese para que mi madre desapareciese rápido y me dejase de nuevo para que me regodeara en la miseria de mi vida.
Anuncio de la casa Newton,
La señora Jane Newton Nioman, soberana del reino Newton, se encuentra desaparecida. Creemos fue secuestrada en mitad de una noche, sacándola de palacio sin que nadie se percatase. Nuestras partidas de búsqueda han sido infructuosas. Pedimos colaboración en los reinos vecinos para encontrarla.
Su desolado marido y familiares lo agradecen
Atentamente les envía un saludo,
Mike Newton, heredero soberano del reino Newton.
Tuve que releer la carta una y otra vez para darme cuenta de lo que estaba leyendo. ¿Mi Jane estaba desaparecida? ¿Había sido secuestrada? No, esto no podía estar pasando… ¿Qué habría sido de ella? Miré a mi madre, desolado, mientras le devolvía la notificación. Sólo ella sabía ahora mismo el dolor que había en mi corazón, y no tardé en arrojarme en sus brazos para que me consolase.
- Hijo, siento que te enteraras así… pero creía que debías saberlo –ella secó mis lágrimas con paciencia, mientras yo intentaba asumir mi pérdida. Quería a Jane a mi lado, pero ahora no sabía ni donde encontrarla…- ¿te importaría explicarme que fue lo que pasó? –miré a mi madre y suspiré. Ya no tenía sentido ocultarle por más tiempo la revelación de los duendes y las hadas…
- Mamá, ella y yo huimos… -comencé a relatar- pero nos vimos inmersos en mitad de una guerra. Jane resultó herida, pero un hada acudió a nuestro rescate. Ella iba inconsciente, yo la llevaba en brazos, y cuando llegamos a un claro del bosque, me apartaron de ella mientras la curaban. Cuando despertó y habló con ellos, se alteró muchísimo, así que me acerqué a ver que ocurría… Todo lo que me dijo era que ellos le habían revelado que su verdadero nombre era Isabella Swan, que la raptaron siendo un bebé. No pudo aceptarlo y cuando yo la llamé por su verdadero nombre, huyó de mí…
- ¿Has dicho Isabella? –Preguntó mi madre- ¿estás seguro de lo que oíste?
- Sí, mamá. Sé que dijeron Isabella, y recordé la historia que tantas veces oí de pequeño sobre la hermana mayor de Ángela. Es ella mamá, ella es Isabella…
- Dios mío, no puede ser cierto –fue lo único que ella atinó a decir, abriendo sus ojos como platos y quedando totalmente pálida.- debemos avisar a Charles y Renny, ellos deberían saber la noticia.
- ¡No puedes hacer eso! –Le grité asustado- tendrías que explicar como te enteraste de la noticia, y no quiero que nadie sepa que yo he estado con Isabella. Tanto el reino Newton como el reino Alatar pondrían precio a mi cabeza, madre.
- Tienes razón, tienes razón –ella se levantó y empezó a andar por toda la habitación, mordiéndose las uñas, nerviosa- pero debemos hacer algo, Edward, no podemos permitir que esto quede así…
- Saldré a buscarla, madre –me puse en pie. Me encontraba animado después de tantos días hundido en la miseria. Tenía que encontrarla…- yo la traeré de vuelta al castillo y, cuando ella esté aquí, iremos al reino Violeta, invocaremos a los duendes y a las hadas, y ellos darán testimonio de que todo lo que te he contado es cierto. Así ella podrá volver a su verdadero hogar…
Mi madre me miró, un poco preocupada. Finalmente se acercó a mí, abrazándome y dejando delicados besos en mi mejilla. Yo le correspondí el abrazo y, después de escasos segundos, nos separamos.
- Déjame que te entregue unas cosas antes de partir –me cogió de la mano, abrió la puerta de mi habitación, y me hizo seguirla por distintos pasillos de palacio- Tienes que prometer que tendrás mucho cuidado, Edward. Lo que quieres hacer es peligroso, pero quiero que sepas que tienes todo mi apoyo. Yo te cubriré para que nadie se extrañe de tu partida, así sólo deberás preocuparte de traer a tu princesa sana y salva. –me sonrió y llegamos al gran salón. Nos dirigimos a la parte de atrás de los tronos, corrió uno de los grandes tapices que había detrás y presiono un ladrillo que había en la pared. Un ruido me sobresaltó, y vi con asombro un cuarto oculto detrás de ellos. Mi madre entró y yo fui detrás de ella.
- ¿Qué es este lugar? –pregunté una vez dentro. No se veía apenas nada, y mi madre encendió un candil que había allí, dando un poco más de iluminación a aquel recinto. Miré a mí alrededor y todo se encontraba lleno de cajas. Mi madre miró pensativa todas y cada una de ellas, hasta que, sin saber porqué, se dirigió a una en concreto. La abrió mientras sonreía.
- ¡Ah, aquí estaba! Mi memoria no me falla nunca –me miró antes de acuclillarse y comenzar a buscar algo de ella. Cogió un par de cosas, se incorporó, y se acercó de nuevo a mi lado- Debes prometerme que cuidarás de todo esto… Te entrego esta espada, que te protegerá cuando la lleves contigo. Cada vez que haya un peligro cerca, ella se iluminará para avisarte de que algo ocurre, y si la lanzas a alguien, aunque no puedas distinguirlo bien, irá directa hacia aquella persona, no hiriéndola de muerte, pero sí dejándola lo suficiente malherida para que tú puedas huir –cogí la espada, sorprendido de su poder. En verdad era hermosa…- Toma también este cuerno. Cuando te encuentres en un peligro extremo, del que temas no salir vencedor, sopla en él y algo o alguien acudirá en tu ayuda. No me preguntes qué ni quién, porque ni yo misma lo comprendo, sólo te digo que no puedes usarlo más que en situaciones límite, porque sino, no funcionará, pero si la situación lo requiere, de alguna forma conseguirás salvarte. –Lo cogí y lo colgué de mi cinturón. En verdad podría resultar útil algo así. Estaba cada vez más impresionado con estas cosas, ¿de dónde habrían salido?- y por último –dijo mi madre, interrumpiendo mis pensamientos- te entrego esta brújula. No es una brújula cualquiera, que sólo apunte al norte. Esta brújula apunta a donde se encuentra aquel objeto que tu corazón desea más que cualquier otra cosa. Úsala para traer de vuelta a Isabella con nosotros…
Miré a mi madre, que se encontraba con lágrimas en los ojos. Me abrazó de nuevo y salimos de aquel cuarto antes de que nadie viese lo que estábamos haciendo. Me cogió de la mano y me acompañó hasta las cuadras, y me ayudó a ensillar mi caballo. Cuando ya lo tenía todo preparado, sacó una bolsita de tela y me la entregó también. La abrí y contenía una gran cantidad de monedas. Lo único que pude hacer fue abrazar de nuevo a mi madre y darle un beso en la mejilla. Daba gracias por tenerla como madre, ya que no podía imaginar a nadie más dulce que ella a mi lado para consolarme y ayudarme como lo estaba haciendo. Subí a mi caballo, preparado para partir, y ella me soltó un suave “Suerte” antes de desaparecer de las cuadras y dirigirse de nuevo a palacio. Yo salí de allí, y decidí ir primero a nuestro claro, para ver si había alguna noticia de Isabella… Tenía que encontrarla, tenía que luchar contra el destino que quería tenernos separados, y conseguir tenerla para siempre, conmigo… a mi lado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario