Emma y yo estábamos muy atareadas con el bautizo de Kaitlin, los chicos cuidaban a la niña mientras nosotras estábamos fuera, poco a poco íbamos mirando las cosas y en varios días teníamos todo listo.
El día del bautizo, me encontraba bastante nerviosa, Marc intentaba calmarme, sonriéndome y diciéndome que todo iba a salir perfecto; mis abuelos estaban muy contentos por la idea de estar en el bautizo de su bisnieta. Termine de arreglarme, vestí a la niña, Marc nos estaba esperando en el salón, cuando baje y ya estuvimos listos, salimos hacia la iglesia sonrientes; al llegar allí, la gente ya nos estaba esperando, el bautizo se paso rápido y después estuvimos la gente más intima en nuestra casa, Emma, Peter y mis abuelos, todo eran sonrisas y felicidad, por fin.
2 Años después
En estos dos años habían pasado bastantes cosas, Emma había tenido a un niño precioso, Nate, del cual yo fui su madrina con mucha ilusión, además de que Marc me había pedido matrimonio y éramos una gran familia feliz. Lo único era, que los niños muchas veces se peleaban, no se llevaban todo lo bien que habíamos deseado; les había dicho miles de veces que eran como hermanos, que debían de tratarse bien y protegerse, sabíamos que nos entendían pero también comprendíamos que siendo tan pequeños era complicado que las cosas funcionaran, teníamos la esperanza de que según pasaran los años todo se solucionara y pudieran llevarse bien, como Emma, Peter, Marc y yo deseábamos, por nuestra amistad y nuestra gran familia.
Me ponía a recordar cómo era nuestras vidas dos años atrás o incluso más, todas las peleas que habíamos tenido, el enfrentamiento entre Emma y yo por nuestra diferentes razas y sonreía, sabiendo que habíamos podido con todas las adversidades que nos habían venido, acabando teniendo por fin momentos mágicos y de felicidad, sabíamos que teníamos que seguir luchando para mantenerla, pero cada vez éramos mas fuertes y seguros de nosotros mismo y además ahora tenía a mi pequeña Kaitlin por la que lucharía con uñas si hiciera falta.
Nos encontrábamos en nuestro salón, los niños parecían jugar juntos, aunque de vez en cuando se les veía las malas caras hacia el otro; mientras que nosotros hablábamos de todo lo que podríamos hacer juntos, de lo unidos que nos encontrábamos al fin, de que ya ninguna lucha nos separaría sino al contrario nos haría muchísimo más fuertes; pero no sabíamos hasta que punto nos equivocábamos en ese aspecto.
¿De verdad seriamos capaces de dar la espalda y alejarnos de aquellos que creíamos familia por hacer lo común para salvar tu verdadera familia?
Hola Carito.
ResponderEliminar